Remedios castos

YO TAMPOCO ENTIENDO NADA// CAMILO JOSÉ CELA CONDE

Un chiste muy conocido en los años de mi adolescencia contaba la historia de la señorita que va al ginecólogo en busca de un anticonceptivo eficaz. El doctor le da una aspirina: “tomésela con agua”, le dice. “¿Antes de o después de?”, pregunta la paciente. “En vez de”, le responde el doctor.

Cinco décadas después, el chiste se ha hecho carne y habita entre nosotros. Algunos hospitales públicos de la comunidad de Madrid (espero que pocos) reparten un manual para adolescentes en el que se recomienda la castidad como mejor medida contra el Sida. Es posible que la aspirina fuese incluso preferible; al menos, aleja ciertas miasmas.

Fundación bajo sospecha
El manual de castidad lo ha editado una fundación que aparece inscrita en el Boletín Oficial del Estado del día 11 de octubre de 2003, y figura como colaboradora del máster acerca de la enfermedad que provoca el virus VIH organizado en 2002 por el Hospital Carlos III. En diciembre de este año, 2008, la misma fundación organizó un acto científico con motivo del día mundial del Sida, acto que fue apoyado por el Servicio de Enfermedades Infecciosas del Hospital Carlos III. Pero nada más difundirse la noticia del manual con los consejos sanitarios de vida casta, las autoridades sanitarias madrileñas se han apresurado a negar cualquier relación existente entre el hospital público y la fundación privada.

Google dixit
Negar evidencias es hoy, existiendo Google, difícil. Tal vez sea por eso que la búsqueda de la página web de la fundación de marras da como único resultado un mensaje de error —404 Not Found. Será que la castidad bien entendida comienza por uno mismo y, sobre todo, por la eliminación cuidadosa de las huellas que pueda haber uno dejado. Pero siempre hay un periodista insidioso al que recurre el paciente infectado por el virus cuando le recetan el “en vez de”, diciéndole encima que habría debido abstenerse antes.

Derechos de los enfermos
Si no se tratase del Sida, la recomendación de los meapilas que han redactado el manual sería de las que hay que tomárselas a broma. Pero como estamos hablando de una plaga tremenda —de una de los mayores amenazas a la salud pública que existen— más bien parece cosa de exigir a las autoridades que expliquen si el remedio de la abstinencia les parece adecuado. De ser que sí, ya sabemos lo que hay que hacer la próxima vez que se nos convoque ante las urnas: criterio meditado, voto responsable, una aspirina y a casa.