Los dos suecos

AGUAS HELADAS// LORENZO SILVA 

El hasta ahora rey indiscutible del género negro sueco, Henning Mankell, ha opinado sobre el autor que a título póstumo ha venido a disputarle el cetro, Stieg Larsson. Dice que ha leído los libros del escritor fallecido (que sólo en Suecia ha vendido más de 3 millones de ejemplares, y que se ha convertido en un fulminante éxito en toda Europa, incluida España) y que no le han emocionado. Para él, agrega, el fenómeno Larsson es como el de cualquier best-seller, al estilo Dan Brown. Mira que podía haber dicho nombres de autores de best-seller. Pero no, obsérvese el calibre del plomazo: Dan Brown. Caca de la vaca.

Puñaladas traperas
¿Por qué la gente a la que le va bien, y aun diría más, apoteósicamente bien, es tan poco generosa a la hora de reconocer el mérito de alguien que se incorpora al club? O, admitiendo que puede resultarles difícil hacerle propaganda a un rival, e incluso que están en su derecho de no sentir aprecio por esa creación ajena, ¿por qué sienten la necesidad de desacreditarla con puñaladas traperas como la asestada por el filantrópico Mankell al difunto (y no menos filantrópico) Larsson? Tal vez en este caso haya además una cuenta pendiente: según sus amigos, y esto ha llegado a los papeles, Larsson declaraba su más rotundo desinterés por la novela negra escandinava, que llevaba al extremo de leer sólo autores anglosajones (y en inglés). En el saco de su desdén estaría por tanto Mankell. ¿Se trata entonces de devolver el golpe?

Fastidiosa piedad
Pero en fin, es que hablamos de un muerto. De un hombre que no vivió para ver su propio éxito y que ha dejado tras de sí un lío con la herencia, porque ni le dio tiempo a formular su última voluntad. ¿O es que los muertos, con esa fastidiosa piedad que inspiran, son rivales especialmente odiosos para los reyes del mambo? No hace mucho otro celebradísimo escritor, éste español, se quejaba en su columna de los elogios para él desmedidos que reciben los autores difuntos, y de la facilidad con que se los eleva a la categoría de clásicos. Sin decirlo, de lo que se quejaba era de que a él alguien le regateara aún esa etiqueta. Y en su columna tampoco faltaba un feo lanzazo a moro muerto.

Del lado del muerto
Si he de elegir, prefiero alancear al moro vivo. Hay cosas de Lars-son que no comparto (su tono moralista, su afán de explicarlo todo), pero Mankell, por quien hasta ahora sentía simpatía, no tiene derecho a despreciarlo. Con todos sus defectos, Larsson resulta más divertido, llega a más gente y además no le puede devolver los golpes. Así que, ya que el vivo ha abierto fuego, me pongo del lado del muerto y de su feroz criatura, Lisbeth Salander. Sintiéndolo mucho por Wallander.