Los bestias y los eruditos

UNO DE LOS NUESTROS// PEIO H. RIAÑO

Cuando Júnior despertó, el amasijo de carne violada seguía estando allí”. No es ni un tributo, ni un homenaje, ni una venganza. Es puro y duro cachondeo que Ronaldo Menéndez (La Habana, 1970) mantiene con Augusto Monterroso. Esta parodia del cuento del maestro de los cortos más cortos le sirve para arrancar uno de los capítulos de Río Quibú (Lengua de Trapo), la nueva novela de Ronaldo en la que sigue su batalla por saber cómo es posible no ser un bárbaro en medio de la barbarie. Si en el anterior libro, Las bestias, se divirtió con el humor que fulmina el drama de las escenas más crueles y cubre a los personajes con una espesa capa de absurdo de lo más real, en Río Quibú se ha vuelto sórdido. Y sucio.
  
Socialismo tropical
El exceso de información alimenta los prejuicios. Recomiendo que lo último que se haga con este libro sea leer de arriba abajo la solapa y la contraportada. De saltarse este aviso, uno creería que en esta caricatura deformante de la realidad que traza Ronaldo está Cuba al fondo. Hay algo típicamente tropical en todo esto y son los contrastes sociales que hacen del peor de los delincuentes el mejor de los físicos cuánticos. Los bestias son eruditos en sus ratos libres y Ronaldo está ahí para tomar apunte, exagerar y hacer una crónica de la barbarie que está ahí agazapada. 

La cara dura
Que la humanidad a lo mejor no es lo que pensábamos. Que la humanidad a lo mejor es algo chungo y feo, huele mal y te golpea en la parte baja de los riñones. No queremos saber nada de nuestra verdadera cara, la B, la que contiene toda la bárbara humanidad a la espera de hacer saltar por los aires el barniz de civilización que nos cubre, brilla y da esplendor. En Río Quibú, la identidad del protagonista sufre un vuelco inevitable: de la más tierna ingenuidad llega a la más cruda maldad. Como no podía ser de otra manera, la animalización del entorno terminó contaminado y corrompiendo la fina película civilizada.  

Pegado al libro
Como buen maestro cuentista, reconoce escribir a borbotones y que de esa primera idea que se le presenta sin avisar, afeita y desbroza hasta quedarse o con un relato corto, o con el inicio de una novela. Ronaldo es uno de los más finos escritores del momento. Un delicado maestro orfebre que destaca por la pericia en la tensión y agudeza en la estructura, producto de una exigente dedicación a la investigación del relato corto. También sus novelas se leen como cuentos y así sucede en cada uno de los capítulos de Río Quibú. Sólo puedes quedar agarrado a las tapas del libro, mientras te explotan en la cara, uno tras otro, todo tipo de sucesos. Suelta semillas de vez en cuando, que florecen a lo largo de la lectura.