Opinion · Posos de anarquía

De la lira turca al euro

Recep Tayyip Erdogan ha ganado las elecciones generales turcas por tercera vez consecutiva, a pesar de que el apoyo recibido por la comunidad kurda se ha reducido significativamente. Será su último mandato como primer ministro, según los estatutos del Partido de la Justicia y del Desarrollo (AKP), aunque durante todo el proceso electoral han flotado en el ambiente las advertencias por parte del Partido Democrático del Pueblo (CHP), socialdemócrata laico, sugiriendo que Erdogan pretende perpetuarse en el poder.

En todo caso, su mandato vendrá marcado por dos grandes objetivos: por un lado, la reforma constitucional, algo que le costará más de lo esperado pues se ha quedado a cuatro escaños de los necesarios para poder convocar un referéndum sobre una nueva Carta Magna -tendrá que buscar apoyos-; y por otro, la adhesión a la Unión Europea (UE), cuyo proceso arrancó hace ya seis años.

Turquía ansía ser una potencia internacional en una región absolutamente estratégica. Su política occidentalizada da pruebas de ello: es el único país mayoritariamente musulmán que pertenece a la OTAN, se sumó desde su origen a la Alianza de las Civilizaciones y su papel en la Primavera Árabe ha sido de claro apoyo, a pesar de que, como en los casos de EEUU y la UE, anteriormente fuera un gran aliado de regímenes como el de Gadafi o Bachar el Asad.

Que Turquía está preparada para entrar en Europa es un hecho. El país se ha convertido en la sexta economía más fuerte de Europa y ocupa el puesto 17 en el ránking mundial. El año pasado su economía creció a un ritmo de casi el 9% -el segundo índice más alto del G-20 después de China-, si bien es cierto que impulsado fuertemente por el sector inmobiliario. La pregunta es, ¿está Europa preparada para Turquía?

Erdogan es un islamista moderado en un país en el que 94% de la población es musulmana (con un 80% suní). Hablamos de más de 70 millones de turcos con una media de edad increíblemente baja -29 años-. En  su camino hacia la adhesión a la UE cuenta con apoyos como Grecia, por motivos obvios: la entrada de Turquía en la UE podría suponer un soplo de aire fresco para su maltrecha economía. Sin embargo, entre los opositores se encuentran pesos pesados como Francia o Alemania. Tras haber visto cómo Sarkozy realizaba deportaciones de gitanos rumanos bajo la tibia condena de la Comisión Europea, parece poco probable que el pequeño Napoleón se quiera exponer a una llegada masiva de inmigrantes turcos.

Sin embargo y en un momento en el que la UE está creciendo dos y tres veces menos que otras economías mundiales, ¿volverá a ser poderoso caballero Don Dinero? Por lo pronto, vaya por delante un comunicado conjunto de Durao Barroso y Van Rompuy sugiriendo la necesidad de «fortalecer las instituciones democráticas, así como para continuar con la modernización del país, en línea con los valores y estándares europeos» e invitando a Erdogan a darse una vuelta por Bruselas. El mismo día que el fiscal general de Ankara ha ordenado la detención de decenas de personas vinculadas a Anonymous, acusadas de ‘hacktivismo’ en protesta por la falta de libertad de expresión en Turquía.