Opinión · Posos de anarquía

40 años de mentiras

El 13 de junio de 1971, en pleno mandato de Nixon, el analista del Pentágono Daniel Ellsberg filtraba a The New York Times documentos clasificados en relación con la Guerra de Vietnam. Ya entonces quedó en entredicho la transparencia de la Administración estadounidense y ahora, 4o años después, Obama ha desclasificado el paquete completo de 7.000 páginas (2.384 de ellas, totalmente desconocidas).

Cuando Ellsberg tomó la decisión de filtrar los documentos tenía 40 años. Ahora, con 80 años a sus espaldas, acaba de publicar un artículo en el que reclama esa transparencia tan opaca en todo aquello que huela a bélico y lanza una invitación para el que tenga conocimiento de información similar: “No cometan mis errores. No hagan lo que hice yo. No esperen a que estalle una nueva guerra en Irán, a que caigan más bombas en Afganistán, en Pakistán, en Libia, Iraq o Yemen. […] No esperen 40 años para desclasificarlo, o siete años como hice yo para filtrarlo para usted o para cualquier otro”.

Ellsberg fue, en cierto modo, el antecedente más inmediato que tenemos de Wikileaks. A día de hoy, él mismo asegura que los riesgos personales de seguir su consejo son muy elevados, pero merece la pena correrlos sólo por las vidas que pueden salvarse.  ¿Qué hubiera sucedido si hubiera aparecido otro Ellsberg u otro Assange en la guerra de Irak , en la que nunca hubo armas de destrucción masiva? Y, lo más inquitante, ¿cómo se estaría desarrollando ahora la Primavera Árabe? ¿Cambiaría la estrategia en la guerra de Libia o Afganistán? ¿Se intervendría por fin en Bahrein, donde se están cometiendo auténticas atrocidades no sólo bajo el silencio de la Comunidad Internacional sino, además, con su complicidad activa (Reino Unido entrena a los soldados saudíes que reprimen violentamente las revueltas en Bahrein)?

El ejercicio de transparencia que ha querido realizar Obama es un arma de doble filo, puesto que si bien es verdad que cualquier responsabilidad en la guerra de Vietnam queda muy lejos de su Administración, no es menos cierto que se ciernen sobre ella oscuros nubarrones con demasiados conflictos bélicos abiertos para ser Nobel de la Paz. ¿Pasarán otros 40 años para que conozcamos toda la verdad?