Opinión · Posos de anarquía

U2 sin respuesta

“¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo tendremos que cantar esta canción?”. Es uno de los versos de Bloody Sunday, la canción de U2 que abría su disco War de 1983, recordando los incidentes del mismo nombre en Irlanda del Norte en enero de 1972. La pregunta aún no tiene respuesta. Ayer se produjo la segunda jornada consecutiva de altercados en Belfast, con varios heridos e, incluso, un periodista herido de bala. Quedan muy lejos los primeros enfrentamientos –‘The Troubles”, como los llaman eufemísticamente los propios irlandeses-, de aquel 4 de junio de 1886 en Donegall Street. Entonces, en los grandes astilleros o las fábricas de lino, dos de los motores económicos de la región, los puestos directivos estaban reservados para los protestantes. Se dibujaba una sociedad marcada por una mayoría católica, clase obrera pobre, y una minoría rica protestante.

Llegó el siglo XX, los acuerdos políticos, el proceso de paz culminado por el Acuerdo de Viernes Santo (abril 1998), el desarme de los grupos paramilitares como Fuerza Voluntaria del Ulster (UVF)… y ¿qué nos queda? Una ciudad dividida. Un año después del Acuerdo de Viernes Santo, también llamado de Belfast, un miembro de la Asamblea Legislativa de esta ciudad aseguraba que “el 90% de la población vive en barrios separados”. Eso, como añadía este político, “implica a cada uno de nosotros, y lo divide todo; divide el deporte, la educación… lo divide todo”. Y no le faltaba razón, pues aún existían 30 de las llamadas ‘peacelines’, particiones que se realizaron en la ciudad y que, en contra de ir desapareciendo, continuamente amenazan con expandirse a petición popular. Unas peacelines que comenzaron siendo temporales, luego temporalmente permanentes y ahora se aparecen como permanentemente temporales.

¿Cómo calmar a una ciudad dividida como Belfast, que asumió el coste más elevado de la violencia de más de un siglo? Se cifra en unas 3.600 las muertes violentas asociadas a este conflicto en Irlanda del Norte entre 1969 y 1998; Belfast acapara una tercera parte de esas muertes. Sólo entre 1969 y 1976 se estima que fueron destrozados o dañados por las explosiones cerca de 25.000 hogares, obligando a realojar a familias enteras.  Mientras que en 1911 sólo el 41% de los católicos y el 62% de los protestantes vivían en barrios segregados, en 1967 la división territorial de la clase trabajadora era casi total. 50 años después, los enclaves de la clase trabajadora de Belfast son significativamente más homogéneos. ¿Cómo se puede esperar una reconciliación social de la noche a la mañana si continúan existiendo auténticos guetos religioso-sociales?

Y Belfast no es la excepción. Miren a Mostar, Nicosia, Beirut o Jerusalem… ciudades literalmente partidas en dos. “¿Cuánto tiempo, cuánto tiempo tendremos que cantar esta canción?”