Opinion · Posos de anarquía

El fútbol y las guerras

Marcel Rasquin acaba de presentar su ópera prima, ‘Hermano’, una película que retrata la realidad venezolana a través de los ojos de un joven que quiere escapar de la pobreza a través del fútbol. Y es que este deporte, a pesar de su lado negativo, de sus presupuestos multimillonarios, de su indiscutible barniz de superficialidad, también ha servido para hacer grandes cosas en la historia. Basta echar un vistazo a África para darse cuenta de  ello. Antes de Nelson Mandela y el inolvidable partido de rugby de los Springboks podemos encontrar otros hitos marcados por el balompié.

Reino Unido, como inventor del deporte, fue quien lo introdujo en el continente africano sin ser consciente de que algún día se volvería en su contra en sus propias colonias: Kwame Nkrumah, el primer presidente de Ghana apostó por el fútbol como vehículo de cohesión social, implicándose activamente con el equipo nacional, los Black Stars; o Benjamin Nnamdi Azikiwe, primer presidente de Nigeria, conocido como Zic, llegó a fundar el Zic’s Athletic Club (ZAC) que se convirtió en una plataforma anticolonial.

Ha llovido mucho desde que apareciera la primera organización formal de fútbol en 1879 -exclusivamente de blancos-, el Pietermaritzburg County Football Club. En el camino, figuras como Albert Luthuli, el que fuera presidente del Congreso Nacional Africano desde 1952, han sido claves. Luthuli, tras su experiencia previa como vicepresidente de la Asociación Nacional de Fútbol de Durban, encontró en este deporte un modo de integrar a los estratos sociales más cultos con los más analfabetos. Incluso cuando fue encumbrado como uno de los líderes contra el apartheid, simultaneó sus responsabilidades al frente del movimiento de liberación con la presidencia del Consejo de Fútbol Interracial. Míticos fueron también los 91 partidos que llegó a jugar entre 1958 y 1962 el ‘equipo sin país’ del Frente Nacional de Liberación de Argelia (FLN), con su estrella Rachid Mekloufi al frente, que llegó a renunciar a la selección francesa cerrándose las puertas del Mundial de Suecia 1958.

En el Mundial de Sudáfrica de 2010, de las 32 selecciones participantes, 6 eran africanas. En ese campeonato, el movimiento Football for Hope (Fútbol para la Esperanza) se volcó con la creación de 20 centros de salud pública y educación con el fútbol como hilo conductor, promoviendo el fomento de la paz y de los derechos de los niños, así como la lucha contra la discriminación. La experiencia se replicará en Brasil 2014.

En la actualidad, África está plagada de proyectos ligados al fútbol. UNICEF y ACNUR también se valen de este deporte para impulsar el desarme, la desmoviliziación de grupos armados, la rehabilitación e integración de ex combatientes y la pacificación en las zonas de conflicto, como Ruanda, Liberia, Sierra Leona o Sudán. En Camerún, el programa Women in the Field (Mujeres en el Campo) promociona la integración intercultural e integeneracional de la mujer rural a través del fútbol; en Zimbawe, el programa Grassroot Soccer lucha desde 2002 contra el SIDA con tanto éxito que se ha extendido a Bostwana, Sudáfrica, Zambia o Namibia. Y eso sí que es un buen gol.