Opinion · Posos de anarquía

Un aviso de 800 millones

Tras la incursión norteamericana en Pakistán, al más puro estilo ‘Chuck Norris’, que llevó al asesinato de Bin Landen sin juicio previo, las relaciones con EEUU se han tensado hasta que finalmente se han quebrado. Si hace unos días el gobierno de Asif Ali Zardari expulsaba a los entrenadores militares norteamericanos, ahora la Administración Obama ha retirado el paquete de 800 millones de euros de ayudas. Supone algo más de un tercio de los 2.000 millones de dólares que EEUU entrega a Pakistán con fines de seguridad.

Ha sido un toque de atención por parte de Hillary Clinton, que ha visto cómo en los últimos meses también se han limitado las actuaciones de la CIA en suelo paquistaní -sobrevuela la amenaza de llegar a cerrar su base- e, incluso, se han limitado visados para diplomáticos estadounidenses. Mientras, el país enfrenta su propio proceso democratizador con un gobierno en el que el peso específico del ejército continúa siendo demasiado grande, afianzado además con sus tensiones fronterizas con Afganistán y la pugna contra los talibanes por mantener la histórica ‘Línea Durand’ van in crescendo.

El discurso estadounidense continúa identificando a Pakistán como uno de los principales escenarios para luchar contra Al-Qaeda y, en concreto, contra el maestro -y ahora relevo- de Bin Landen: Ayman al-Zawahiri. Pero esta lucha ha de realizarse a su modo, según sus normas y, en muchos casos, con sus propios efectivos. EEUU no delega, planifica y actúa. Por eso Clinton ha querido mandar ese toque de atención de 800 millones, lanzando un mensaje: «no muerdas la mano que te da de comer». Al mismo tiempo, se ha arrancado espontáneamente una campaña de descrédito de las instituciones paquistanís, sugiriendo vínculos directos y complicidad con Bin Laden y Ali Zardari o acusando a dos antiguos generales de ‘forrarse’ vendiendo tecnología de uranio enriquecido a Corea del Norte.

Por su parte, Pakistán se desmarca, sacando orgullo patrio y menospreciando los dólares envenedados, esos que llegan al país con la contrapartida de fuerzas de ocupación bajo el paraguas de la democratización. Ironías de la vida: Pakistán es, de largo, uno de los países que más efectivos militares da a la ONU para sus misiones de pacificación. Y se acerca cada vez más a Irán y la doctrina antiamericana de Mahmoud Ahmadinejad, la misma que quiere expulsar definitivamente a EEUU de Oriente Medio. Por lo pronto, las tropas estadounidenses tendrán que abandonar Irak definitivamente el próximo 31 de diciembre; y ya ha comenzado la progresiva retirada de Afganistán que concluirá hacia el 2014.

Ahmadinejad está haciendo gala de una de las mayores virtudes islámicas: su infinita paciencia. A diferencia de Occidente, el presidente iraní no se precipita, es más un corredor de fondo que un sprinter. Como decimos en España, Ahmadinejad es más amigo de una estrategia de pico y pala, descartando arrasar como un elefante en una cacharrería. Y, poco a poco, la semilla antiamericana que ha sembrado en la región está germinando, casi silenciosamente. Y cuando surja la planta -veremos si de bella flor o carnívora-, él mismo se encargará de regarla. Y el dibujo geopolítico puede cambiar mucho, tanto, que ni siquiera el discurso de abanderado de la libertad y la democracia de EEUU será suficiente para volver a entrar. Y ahí no surgirán evocativos bautizos como ‘Primavera Árabe’.