Opinion · Posos de anarquía

Nadie escucha a Oppenheimer

En una entrevista pública, J. Robert Oppenheimer -el padre de la primera bomba atómica de 1945- confesó «haberse convertido en la Muerte, en el destructor de mundos». Después de ver el horror que produjo su invención, se alzó como activista para el control de la proliferación nuclear, llegando a ser consejero de la Comisión de Energía Atómica de EEUU… hasta que en la década de los 50, en pleno ‘Red Scare’ (‘Terror Rojo’, en referencia a la lucha anticomunista de EEUU), perdió sus credenciales de seguridad.

Estos días, vuelve a surgir la polémica en torno a Irán por los avances en su programa nuclear tras la instalación de nuevas máquinas de enriquecimiento de uranio. EEUU está que trina y, de hecho, hace tan sólo unos minutos Irán ha hecho público el derribo de un avión espía no tripulado de EEUU que sobrevolaba sus instalanciones de Qom. Ya a principios de año, el portavoz del departamento de Estado, Philip Crowley, calificó de «payasada» la invitación del presidente Mahmoud Ahmadinejad a varios países para que visitasen sus instalaciones nucleares. En aquella invitación, el presidente iraní excluyó a EEUU, Francia, Reino Unido o Alemania; aunque sí acudió  la Agencia Internacional de la Energía Atómica (IAEA), que a falta de la publicación del informe definitivo, dió un tibio visto bueno.

Ahmadinejad ha insistido una y otra vez en que su prograna nuclear únicamente tiene fines civiles. Sin embargo, hay que preguntarse que, incluso si tuviera fines militares -que, desde luego, sería lamentable-, ¿qué legitimidad tienen las críticas de la Comunidad Internacional a la luz de sus propias cifras? Según el último informe del movimiento Global Zero, el gasto en arsenales nucleares durante la próxima década superará el billón de dólares. Nueve países -entre los que no se encuentra Irán- concentran más de 23.000 armas nucleares, con Rusia (13.000), EEUU (9.400), Francia (300), China (240) y Reino Unido (185) a la cabeza.

Además, a pesar de que a todos los mandatarios se les llena la boca a la hora de hablar de desarme nuclear, los números de la Asociación para el Control de Armas revelan que estos cinco países que acabo de citar incrementarán, no sólo el coste total de sus armas nucleares de 2010 a 2011, sino también el ‘core cost’, que llaman los sajones, esto es, su I+D, mantenimiento y modernización. Además, una investigación de 2009 de los periodistas Stephen I. Schwartz y Deepti Choubey ponía de manifiesto que de los alrededor de 52.000 millones de dólares que la Administración estadounidense gastaba en armas nucleares, sólo un 1,3% se destinaba a preparar las consecuencias de un ataque nuclear o radiactivo.

Ha pasado más de medio siglo desde la primera bomba atómica y la competencia, a pesar de lo que dicta la diplomacia, parece más viva que nunca. Ha pasado más de medio siglo y de un discurso contra el comunismo se ha pasado al de las armas de destrucción masiva como excusa para mantener el monopolio nuclear.

Ha pasado más de medio siglo y nadie escucha a Oppenheimer.