Opinion · Posos de anarquía

Día del Cooperante y el ‘Cooperado’

Hoy se celebra el Día Internacional del Cooperante. En muchos casos, pasará inadvertido porque la acción del cooperante es un trabajo de fondo, desde el silencio, con escasa publicidad salvo cuando se producen grandes catástrofes naturales. Sólo en España contamos con unos 2.000 cooperantes, que sufren su solidaridad como expatriados con una precaria situación laboral, sin convenio colectivo, con la sola protección del Estatuto de los Trabajadores cuyos vacíos no ha sabido podido resolver el recién estrenado Estatuto del Cooperante.

Si miramos a las cifras mundiales, la cifra de la cooperación se incrementa de un modo escalofriante. ¿Por qué? Porque las desigualdades en el reparto de la riqueza -que debería ganar cada vez más peso, dejando atrás el reduccionismo de tomar sólo métricas como el PIB- hacen cada vez más necesaria esta labor solidaria. ¿Por qué un país sumergido en plena crisis no debería eliminar sus presupuestos para la cooperación? Porque es su obligación moral, porque el bienestar en su crisis puntual supera con creces el estado habitual de los países receptores de las ayudas, porque no vivimos en países ricos, sino más bien enriquecidos a costa de terceros…. de Terceros Mundos.

Y esa última reflexión es la que nos lleva a denunciar la paradoja de la cooperación, esa que incluso para los zotes en matemáticas como el autor de este artículo, saltan a simple vista. Esa que revela que si restamos a las ayudas a los países en vías de desarrollo los efectos del dumping comercial a que son sometidos, en el mejor de los casos, el resultado es ‘lo comido por lo servido’. Paradojas, de difícil resolución por otro lado, como gobiernos que presumen de entregar millones de euros/dólares en ayuda y cooperación a un país en el que las empresas multinacinales esquilman sus recursos naturales devorando su crecimiento de futuro.

Hoy es un día para recordar a los cooperantes y, permítanme el palabro, a los ‘cooperados’. Pero también debe ser un día para repasar si los mecanismos de cooperación son los correctos, si es posible asegurar -sin que ello suponga una intromisión en la política interior- que las ayudas son administradas correctamente por los gobiernos receptores. En pocas palabras, si la empresa funciona. Si, como sucede en cualquier el negocio, el interés real del empresario (=Gobierno de país enriquecido) va más allá de su ambición por la riqueza y el lavado de conciencia; si su deseo es el mismo que el de su empleado (=cooperante), es decir, que el producto (=ayuda al desarrollo del país empobrecido) sea real y de calidad.

En resumen, hoy es un día para darse cuenta de que a más cooperación, más síntomas de que los Gobiernos enriquecidos fracasan, de que sus políticas bajo la mesa continúan empobreciendo al resto, a pesar de que sobre el tapete su cara sea otra. Hoy es un día para apostar por una cooperación real y desear su fecha de caducidad porque, al fin, la riqueza tenga un reparto más igualitario.

¿Qué es una visión idealista del asunto? ¿Que soy un soñador? Por favor, hoy al menos, no me despierten. Tengan piedad, que bastante tengo con el regreso vacacional.