Posos de anarquía

Mordazas

Marruecos ha impedido el acceso al reino a los periodistas del diario El País. ¿De qué nos sorprendemos? Es la tónica general en un país gobernado despóticamente por Mohamed VI. Los periodistas nacionales vienen padeciendo esta censura, esta mordaza continua y, lo que es peor, sufriendo castigos muchísimo más duros que negarles el acceso. Hablamos de cárceles, torturas... Por eso, lo que debería sorprendernos es que nuestros dirigentes políticos sigan aplaudiendo los avances democráticos de un país tan represor.

Pero Marruecos, Irán, China, Cuba, Yemen o Bielorrusia no son los únicos países que vulneran una libertad tan básica como la de prensa. Hay una larga lista de países, como viene denunciado Reporteros Sin Fronteras. De otro modo, no saldrían las tristes cuentas de 97 periodistas asesinados en 2011, o los 171 periodistas y 129 internautas encarcelados o el más de un millar de detenidos.

Hacen falta más países que se sumen a esa lista negra. Sin ir más lejos, ayer conocíamos que el presidente de Ecuador, Rafael Correa, cedía antes las presiones de todo tipo, nacionales e internacionales, e indultaba a quienes habían tenido la osadía de criticarle. El Universo, el diario que cometió tal imprudencia en un país, mira tú, que también creíamos democrático, se muestra ahora cautos. Nada de descorchar el champán hasta que no se haga efectivo el indulto. ¿Cómo fiarse de quién violó de manera tan flagrante la libertad de prensa?

Hay más, muchos más... y no tenemos que irnos al tópico del mundo islámico, aunque ningún país de la Primavera Árabe haya superado aún esta lacra. La situación para la prensa es crítica en países como Méjico, Colombia, Honduras, Rusia o Ucrania. Y más... porque en otros países como Chile, Brasil, Perú, Bolivia, India, Venezuela, Italia o Grecia aparecen también problemas sensibles. Incluso en nuestro propio país, en EEUU, Argentina, Reino Unido o en Francia la situación es sastifactoria, pero no buena.

La libertad de prensa es uno de los mejores termómetros para medir la madurez y calidad democráticas. Y, en este sentido, tenemos que mirar de nuevo a los nórdicos, que junto a Irlanda, Alemania o Canadá son de los pocos que obtienen el sobresaliente. ¿Se toman alguna vez los gobiernos la temperatura o se limitan a utizar el termómetro como arma arrojadiza? Es algo que, aunque nos cueste, los ciudadanos deberíamos comenzar a exigir.