Posos de anarquía

Patrocinio o prostitución

Forma parte del capitalismo más esencial: lavar la imagen de compañía mediante la financiación de actos públicos y, de paso, desgravarse en impuestos. Así son los patrocinios, que terminan por convertirse en auténticos actos de prostitución de los eventos patrocinados. En Londres hemos vivido ya unos cuantos de esos. Colectivos como Platform o Liberate Tate se manifestaron el año pasado -lo repitieron hace unos días- en la Tate Modern en protesta contra el patrocinio de BP. Ver cómo patrocina la cultura la misma empresa que protagonizó el mayor desastre del Golfo de Méjico y, además, trató de eludir responsabilidades, no parece lo más honesto.

Ahora lo vivimos con los Juegos Olímpicos. Los sponsors de la evento deportivo disfrutan estos días de un auténtico paraíso fiscal, con unas exenciones fiscales que dan vértigo (Tras una impresionante labor ciudadana de recogida de miles de firmas, McDonalds y Coca-Cola parece que se apearán de la excención). Pero además, si uno mira de cerca a los patrocinadores, ¿tiene sentido? ¿Es lógico que un evento deportivo sea patrocinado por McDonalds, mientras desde el Gobierno se estudia gravar el IVA de la comida que se vende en estos establecimientos por sus grasas saturadas? ¿Tiene sentido que una farmacéutica, GlaxoSmithKline, patrocine el laboratorio anti-dopaje? ¿Y de nuevo BP?  ¿Y la minera Rio Tinto, con su largo historial de acusaciones de abusos de derechos laborales y destrucción del medio ambiente? ¿Y Dow Chemical, la autora del desastre de Bhopal? ¿Y EDF, que en Francia está condenada por espiar y hackear el correo electrónico de Greenpeace?

El sinsentido de esta vorágine patrocinadora da lugar, incluso, a clamorosos patinazos, como el del presidente del Comité Organizador, Sebastian Coe, estos días, que en una entrevista radiofónica vio con buenos ojos que, como Coca-Cola es otro de los patrocinadores estrella, se prohibiera el paso al Estadio Olímpico de quienes lleven una camiseta de Pepsi. ¿La justificación? "Proteger los intereses de nuestros patrocinadores". Más tarde daría marcha atrás.

Así, muy en la línea de los valores que propugnan los JJOO. El Barón Pierre de Coubertin debe de estar revolviéndose en su tumba.