Opinión · Posos de anarquía

Herejes y piratas de importación

Esta mañana me cogía por sorpresa un tuit de mi colega Hernán Zin en el que anunciaba “más buenas noticias desde Somalia: planes de crear un mercado de valores”. A mi no sólo no me pareció una buena noticia, sino que me recorrió un escalofrío por todo el cuerpo. La iniciativa parte de un diplomático ligado a la ONU que se ha marcado el objetivo de crear la primera Bolsa en el Cuerno de África. Ambos términos, al menos en mi cabeza, chocan frontalmente como dos trenes a 250 km/h. Sólo unirlos en la misma frase se me antoja obsceno.

En un principio, el mercado de valores arrancaría en la vecina Kenia, en Nairobi, para después saltar a Mogadiscio. El diplomático quiere que los grandes bancos -que en el caso de Somalia ni siquiera existen como tales-, las grandes compañías de telecomunicaciones y las empresas de envíos de remesas -muy fuertes en estos países- sean los primeros en participar. Mientras mi colega Hernán ve una buena noticia, lo único que mi mente alcanza a ver es que Somalia cambiará unos piratas locales por otros de importación.

La reflexión me lleva por otros derroteros, mirando a nuestro país y asistiendo con asombro cómo diez carros de supermercado son capaces de movilizar a más sectores de poder que una gran estafa bancaria. Piratas hay en todos lados, ya se sabe. ¿Por qué no hacer como se ha hecho con la banca o con el despilfarro de los diferentes Gobiernos (centra, autonómico, local…)? Que todos los españoles paguemos esos diez carros y listo. Es de risa a lo que tocaríamos. ¿No es eso lo que se ha hecho con la banca? ¿Acaso no se han socializado las pérdidas o el fraude con una infame amnistía fiscal? Como dice el filósofo Slavoj Žižek, “el socialismo es nefasto, excepto, claro, cuando permite estabilizar al capitalismo”.

Y diez carros de supermercado representan más que “una gravísima irresponsabilidad”, como la califica el ministro Fernández Díaz. Se trata de un acto de protesta, por el que los autores están dispuestos a asumir las consecuencias legales pertinentes. Decía T.S. Eliot que a veces la única alternativa posible para salvar la religión se encuentra entre la herejía y la no creencia. Trasladen eso a la Democracia y verán como les seduce el lado hereje.

Cambien y participen del cambio. No crean que ustedes no tienen una cuota, aunque sea pequeña, de responsabilidad en esta transformación de nuestro sistema de convivencia. Todos, en mayor o menor medida, estamos atravesados por el capitalismo y deberemos sacrificar lo que ahora asumimos como lógico para tener de veras calidad de vida; una calidad de vida que no se puede producir sin la del prójimo. De nuevo, el maestro Žižek me viene a la cabeza, con su imagen de la película The Shawshank Redemption, en la que un tipo que no acepta que está en la cárcel, cuando por fin consigue escapar, se ahorca.

Acepte su participación en el capitalismo, porque sólo escapan realmente de él quienes aceptan que de veras se encuentran ahí. Y no se ampare en su ideología, que esa termina por ser la postura más conformista, sobre todo en estos tiempos, cuando uno se puede sentir revolucionario a golpe de ratón. Actúe, no se quede ahí anclado y no rehuya de la herejía.