Opinión · Posos de anarquía

Deportando estudiantes

La Universidad Metropolitan de Londres lleva dos días en las primeras planas de los periódicos británicos. Desde el Departamento de Fronteras, se han revocado los visados de estudiantes procedentes de fuera de la Unión Europea (UE), por considerarlos inválidos. Como consecuencia, más de 2.500 estudiantes tienen 60 días para cambiar de Universidad -tramitando un nuevo visado- o ser deportados. Los dramas se suceden en las páginas de los diarios: jóvenes de India que llevan invertidos más de 60.000 libras (75.700 euros) en su educación y que podrían ver tirados a la basura todo ese dinero y tiempo (hasta seis años en algunos casos), brasileños que vieron cómo el coste de su matrícula era el doble que la de un europeo, a pesar de tratarse del mismo curso, y que ahora, de ser deportados, nadie les devolverá…

Ayer ya se produjeron las primeras concentraciones silenciosas en Downing Street. El gobierno de Cameron está decidido a atajar la inmigración, aunque esta medida parece ir en contra de lo declarado anteriormente. No en vano, los estudiantes extranjeros traen a la economía británica la friolera de 12.500 millones de libras (15.800 millones de euros) al año. En el caso concreto de la Metropolitan, con un total de 30.000 estudiantes, el roto que supone la retirada de licencia para que estudien jóvenes no comunitarios le puede suponer pérdidas de 30 millones de libras (casi 38 millones de euros), poniendo en riesgo su propia subsistencia.

Y lo que aún es peor, el mensaje de miedo, inquietud e inseguridad para los miles de estudiantes de otras universidades por todo el país. Por las consecuencias de la medida, la noticia ha saltado a los medios, pero no es el primer caso de medidas polémicas en el ámbito académico. Hace unas semanas, un estudiante alemán que está realizando su doctorado en Geología me comentaba angustiado cómo han cambiado de golpe y sin previo aviso sus condiciones académicas. A pesar de haber conseguido diversos patrocinios para su investigación de los que no ve ni una décima parte -la universidad es la gran beneficiada-, justo antes del verano le comunicaron que el plazo para finalizar su doctorado concluye el próximo mes de septiembre, que es cuando se cumplen tres años de su inicio. “Cuando arranqué el curso, no eran éstas las condiciones”, asegura, para añadir que “afortunadamente, me encuentro en la recta final del proyecto y podré acabarlo a tiempo. De no haber sido así, todo el trabajo de tres años no habría servido de nada”.

En qué terminará ésto aun es una incógnita, pero no deja de ser curioso que un país que históricamente se ha enfrentado a sus socios europeos por defender los intereses financieros de indios, rusos, árabes y chinos, entre otros, ahora se dedique a deportar a los futuros magnates que inundarán de libras la City en un futuro. Así es el capitalismo, depredador hasta consigo mismo.