Opinión · Posos de anarquía

Premio a la violencia

Mientras miles de policías se manifiestan contra el Gobierno, el ministro del Interior Jorge Fernández Díaz entrega medallas, entre otros, al responsable directo de la violencia policial injustificada que retransmitieron los medios -TVE incluida, para enojo de Mayor Oreja- el pasado 25 de septiembre. Un premio por los servicios prestados al régimen.

En ese sentido, quiero recuperar hoy un texto de la Fundación FAES de julio de 2011, escrito por el profesor de Ciencia Política Ángel Rivero y el licenciado en filosofía Jorge del Palacio, titulado El futuro de la socialdemocracia y la política de la indignación. Lo recupero porque en él podemos encontrar buena parte del discurso oficialista actual (más allá de que FAES ya entonces admitía que España se encuentra intervenida por Alemania desde mayo de 2010).

El texto del think tank de Aznar, que calificaba de populista al discurso de la lucha de clases, es una proclama en toda regla contra los movimientos sociales, contra lo que por aquel entonces se llamó el movimiento indignado, recién parido el 15-M. Los autores están convencidos de que la fuerza salvadora de la indignación como vía hacia la creación de un nuevo mundo es un mito, algo que “motiva una pasión irreflexiva que no viene adornada de virtudes para la acción política democrática”.

Este es su error, como el del actual Gobierno, que consideran que movimientos como el 15-M o el 25-S se “alimentan del odio hacia otros, recordando al fascismo”. Nada más lejos de la realidad. En estos movimientos sociales, y ésto es algo de lo que se está empezando a dar cuenta el poder y de ahí la institucionalización de la violencia que lleva a cabo Fernández Díaz, la indignación no motiva ninguna pasión irreflexiva, sino que la reflexión es la que motiva la indignación. Es precisamente el dar un paso atrás y ver lo que está sucediendo lo que llama a la ciudadanía a recuperar el espacio que la dictadura del capital -y este Gobierno es su siervo- le ha arrebatado. Ese paso atrás es el que, de un modo absolutamente razonado, indigna y llama a la acción a compañeras como Esther Vivas y su lema “si no debemos, no pagamos”.

Corría el año 2001 cuando el pensador egipcio Samir Amin pronosticó que “el futuro del proyecto de la Unión Europea está efectivamente amenazado por el empecinamiento neoliberal de sus clases dirigentes y por las previsibles y crecientes protestas de sus clases populares”. Y así ha sido, porque nuestros gobernantes insisten en mantener un capitalismo senil -por continuar con la terminología de Amin-, un sistema que envejece y se descompone. Y en esa descomposición es en la que los movimientos sociales han de cobrar protagonismo y romper con las asimetrías establecidas durante décadas por los mercados y que, en los últimos años, han crecido en proporciones gigantescas.

El capitalismo se muere y desde la Moncloa y al dictado de Bruselas se le está tratando de insuflar respiración asistida, robando a la ciudadanía el poco oxígeno que le resta. Porque si en un principio el capitalismo era integrador -como todo buen sistema imperialista que se precie-, ya no lo es más; en la actualidad, el capitalismo es excluyente (por paradójico que resulte, a través de la globalización), elitista y precisamente por eso, romper con él será traumático, violento. No puede ser de otro modo, porque para conseguir la acción integradora y solidaria que destilan estos movimientos sociales en pro de una democracia social y civil, habrá que desmontar toda la estructura de quienes ahora se encuentran en la cúspide de la pirámide. Habrá que invertir esa pirámide y no resultará sencillo.

La violencia ha sido ya, no sólo inaugurada por el Gobierno, sino defendida y premiada con medallas y subidas de sueldo. El poder se presenta tan soberbio, se cree aun tan superior, que ni siquiera repara en que así sólo se retrata y hace un llamamiento masivo a la reflexión que da lugar a la indignación. Se ha arrancado ya el proceso que revertirá la relación de fuerzas a favor de las clases trabajadoras y populares y eso no hay porra ni pelota de goma que lo pueda frenar.