Opinion · Posos de anarquía

Pacientes somos todos

Pacientes somos todos, desde los maestros a los conductores de autobús, desde los parados a los políticos, desde las enfermeras a los médicos. Todos. Sin embargo, el modo de gobernar del PP indica lo contrario, pacientes no somos todos, unos por descarte, porque se les niega el derecho a la Sanidad y otros, en cambio, porque se autoexcluyen con la autosuficiencia y la soberbia de poderse costear una Sanidad privada. Pacientes somos todos y los médicos, anunciando huelga indefinida para finales de este mes lo vuelven a demostrar, marcando, quizás, un punto de inflexión si el apoyo de la ciudadanía no mengua.

Para entender este fenómeno no hay más que mirar a quienes conciben y ejecutan estas políticas. En pleno desmantelamiento de la Sanidad pública madrileña, tomemos a su consejero Javier Fernández-Lasquetty y Blanc, cristiano de pro, criado en el elitista barrio de Salamanca de Madrid, cuyas Nuevas Generaciones de la entonces Alianza Popular llegó a presidir. El niño bien de apellido sospechosamente compuesto ya militaba en las filas del PP con sólo 16 años, se convirtió primero en el alumno aventajado de Esperanza Aguirre, de la que fue jefe de gabinete cuando ésta era ministra de Cultura, y años después de Aznar, para el que fue secretario general de su queridísima FAES.

Con este pasado, en el que parece que nunca le faltó un pan recién horneado a la mesa, el Alfa y Omega y ropa de primeras marcas hay, sin embargo, momentos de aparente justicia social. Rebuscando en la biblioteca de FAES uno encuentra escritos de Lasquetty en los que aseguraba que «ningún país europeo concede una gama de prestaciones tan amplia a los inmigrantes en situación irregular. Ahora bien, en España existe y se aplica esta configuración legal desde hace diez años. ¿Podría cambiarse? Es dudoso. La jurisprudencia constitucional es abundante». Ana Mato parece, pues, haber superado con holgura esas trabas constitucionales. En ese documento, Lasquetty llega, incluso a preguntarse (y responder) «¿Debería cambiarse? [las prestaciones a inmigrantes] No soy partidario de ello».

Los tiempos cambian y cuando uno lo ha tenido todo a su alcance, no le tiembla la mano. Hay quien dice que es un trabajador incansable y no lo dudo, y a buen seguro es de los que se instalan en la falsa creencia de que si trabajas duros recogerás los frutos. Esa es la teoría, pero no siempre se cumple en la práctica; hay quienes se dejan los cuernos toda su puñetera vida trabajado y no consiguen prosperar, entendiendo por ésto, vivir con la seguridad de que el pan, aunque no sea recién horneado, siempre estará en la mesa. Y, curiosamente, los responsables de que ese esfuerzo no cunda suelen ser personas como Lasquetty.

Este Gobierno, tanto el central como el que ahora nos ocupa, el madrileño, gobierna como si fuera una ONG o Caritas, por ser más fiel a la realidad. De Lasquetty hemos podido escuchar, en referencia al Estado de Bienestar, que «se ha pasado de ayudar a los que lo necesitan, a ayudar a todos, y a todos por igual y de manera gratuita». Este abogado de 46 años se equivoca al confundir servicio con beneficiencia, impuestos con gratuidad. El Gobierno del PP gobierna desde la caridad, con esa mentalidad superior, casi feudal, de conceder a la plebe lo que estima oportuno, no lo que por derecho le corresponde.

Decía el maestro Galeano que «la caridad es humillante porque se ejerce verticalmente y desde arriba; la solidaridad es horizontal e implica respetuo mutuo» y qué razón tenía. Y en los tiempos que corren, ser gobernados por el PP también se ha vuelto una experiencia humillante y es, en realidad, contra lo que hay que rebelarse.