Posos de anarquía

Gallardón nos insulta

Alberto Ruiz-Gallardón nos insulta. No se puede entender de otro modo el hecho de que ayer simplificara las protestas de toda la Justicia española contra su reforma a una mera cuestión de dinero y pensara que nos la iba a colar. ¿De veras piensa el ministro que la ciudadanía es tan ingenua, iletrada o estúpida como para creer que jueces, abogados, y fiscales, todos, se han puesto de acuerdo para defender días de libre disposición y protestar contra el recorte de sueldo? ¿En serio?

Ruiz-Gallardón es un político que siempre ha sabido jugar en la arena política caminando por la delgada línea de la demagogia, pero lo de ayer fue un patinazo de antología. Él, que siempre se ha sentido tan alejado de los postulados de Esperanza Aguirre, ha terminado por demostrar que es uno de sus alumnos más aplicados. ¿Qué hizo ayer en realidad? Quiso enfrentar a la ciudadanía contra los jueces; ni más ni menos. Eso es exactamente lo mismo que intentó Esperanza Aguirre con la Educación, cuando redujo las huelgas de profesores a una cuestión monetaria.

Entonces, la lideresa les llamó insolidarios, irresponsables por querer conservar sus horarios y sueldos intactos. No era aquello por lo que se protestaba en realidad y Aguierre lo sabía: aquellas huelgas perseguían evitar el desmantelamiento de la Educación pública y se convirtió en una de las huelgas más solidarias que recuerdo, pues entre sus principales reivindicaciones se encontraba la defensa de los interinos despedidos o no renovados.No se protestaba por los que se quedaban, sino por los que se iban.

Aquella huelga en Educación se extendió, aquella Marea Verde se propagó por todo el país alentada por la reforma Wert, que dinamita nuestro sistema educativo, y fue capaz de unir en una sola voz a profesores, padres y alumnos. Dicho de otro modo, Aguirre no sólo fracasó en su intento de enfrentar a padres contra profesores sino que terminó por unirlos aún más. Ahora y a pesar de ese fracaso táctico de Aguirre, Gallardón intenta lo mismo con la Justicia, olvidando que la judicatura no reivindica asuntos propios, sino que carga contra una reforma de la Justicia que discrimina y resta derechos a los ciudadanos.

Pensar que el pueblo no va a ser capaz de ver la jugada es insultante por parte del titular de Justicia. El ejercicio dialéctico que Gallardón en su intimidad seguramente creyó inteligente, ha terminado por delatarle, en el mejor de los casos, como torpe. La ciudadanía comienza a tomar conciencia de la necesidad de estar unida contra el órdago neoliberal que ha desvirtuado la idea de Democracia hasta límites preocupantes.

Tácticas como las de Aguirre o Gallardón ya no funcionan. Ya no. Ni siquiera la del miedo o la represión de que es tan amigo Fernández Díaz. Aunque aún queda camino por recorrer, a pesar de que todavía es preciso definir claramente a dónde quiere ir, lo que el pueblo sí sabe es a dónde no quiere ir y mucho menos que lo conduzcan. Y ese es el primer paso para que el miedo que había en la sociedad se diluya y salte al otro lado, al de los Aguirre, Gallardón y Fernández Díaz. Y algo me dice que ellos nos se tendrán que preocupar porque el ciudadano quiera dividirles; no lo hará, el ataque será en bloque.