Posos de anarquía

La censura de Barroso

Miguel de Unamuno acuñó el terminó de "intrahistoria" para referirse a la vida tradicional, las historias del día a día que sirven de fondo permanente a la otra Historia cambiante y visible, esa de la que informan los medios. A otro maestro, esta vez a Ramón Lobo, le escuché en una ocasión desvelar la fórmula para extraer la información real de un periódico: súmense el número de informaciones en las que aparecen tipos con traje y corbata, divídase por el número de páginas del diario y obtendrá el cociente de desinformación que ha comprado.

Esta introducción me sirve para arrancar el relato de lo que sucedió el otro día en Oslo y nadie ha contado. Con motivo de la entrega del Premio Nobel de la Paz a la Unión Europea (UE), buena parte de sus jefes de Estado y su cúpula política se dieron cita en la capital Noruega. Durão Barroso, el presidente de la Comisión Europa, el mismo que igual se da una vuelta por las Azores para arrancar una guerra ilegal que recoge el Nobel de la Paz, también estaba allí, claro está.

Durante esos días, me escribió un estudiante de Ciencias Políticas en Oslo. Barroso tenía la intención de entrevistarse con más de una treintena de jóvenes Erasmus para compartir reflexiones sobre la UE. El estudiante me honró queriendo saber qué le preguntaría yo a Barroso si le tuviera delante, pero más interesante me resultó conocer qué le preguntaría él: "le plantearé la situación de la beca Erasmus, que probablemente acabe desapareciendo, planteándolo como uno de los pocos éxitos de las políticas comunes en materia de educación y de integración".

No quedaban ahí las inquietudes del joven, que también quería ahondar en "los informes de Human Right Watch y Amnesty International, en los que se señala las violaciones sistemáticas de derechos humanos por parte de algunos Estados a la hora de reprimir violentamente manifestaciones pacificas y también la cuestión sobre por que no se persigue la evasión fiscal ni se acaba con los paraísos fiscales".

Se pueden imaginar mi satisfacción cuando vi las preocupaciones del estudiante, al que más de uno en las altas esferas político-económicas tacharía prácticamente de anti-sistema (Fernández-Díaz igual hasta terrorista, vaya usted a saber). Así las cosas, le pedí que me mantuviera al tanto del desenlace del encuentro con Barroso. Y lo hizo:

"Al final no pude hacer ninguna de las dos preguntas, fue un desastre de reunión. Barroso llegó media hora tarde por lo que no dio tiempo a abordar todas las cuestiones que se tenían que abordar". El relato del personaje intrahistórico fue revelador de lo que se cuece en Europa (y salpica a España, claro). "Hubo un control previo sobre las preguntas que se iban a hacer", censurando "preguntas comprometidas". El resumen de la reunión, según me contó, queda en que "ni siquiera fue interesante, pues se limitó a contestar lo que todos sabemos y a hacer un mitin político".

¿Qué tiene que ocultar Barroso sobre la UE a un grupo de universitarios? ¿Por qué no se puede debatir con libertad sobre lo que está pasando en Europa? ¿Cuál es el mensaje que transmiten así a nuestros jóvenes? No se lo diré yo, se lo dirá mi personaje intrahistórico, al que le estoy enormemente agradecido: "Era para ver las caras de decepción de los que estábamos ahí presentes al escuchar toda la propaganda que salía de la boca de Barroso. Me dieron ganas de levantarme e irme, como a muchos compañeros. Lo peor de todo es que estos "políticos" (mercenarios de la política) se van a casa engañándose a ellos mismos pensando que han tenido contacto con la realidad social, o que se han enfrentado satisfactoriamente a las demandas de los jóvenes. Puro teatro".

El estudiante me confesó haberse ido "a casa con rabia y pensando que la mejor lección de democracia que podrían tener estos seres es pasarse por una asamblea universitaria o de barrio, ahí aprenderían muchas cosas y, sobre todo, a respetar el valor de la palabra y del diálogo". ¿Saben qué es lo más esperanzador de todo este relato? La conclusión final del joven pues, a fin de cuentas, él es intrahistoria pura y sobre gente como él descansa el verdadero futuro que nos espera:

"Por lo menos ya no es como antes que nos la cuelan, los de mi generación somos conscientes de la farsa que son estos representantes de las élites políticas y financieras y de lo alejados (a conciencia) que están de la realidad. A mi por lo menos este tipo de cosas me dan más fuerzas para luchar contra la injusticia y la hipocresía de la clase política".

Intrahistoria pura, ya saben, de la que no verán en ningún diario.