Opinion · Posos de anarquía

Te dimito por tu honestidad

La alcaldesa de Madrid, Ana Botella, ha protagonizado una de las crisis de Gobierno más sonadas de los últimos tiempos… y eso que el escaparate donde elegir realmente apabulla. Después de que ayer el vicealcalde, Miguel Ángel Villanueva, tomara la decisión de dimitir sin saberlo -es lo que tienen los ceses encubiertos-, Botella nos ha regalado hoy una de las ruedas de prensa más almodovarianas que recuerdo. En pocas palabras, dado que ha sido ella quien ha cesado a Villanueva, ha venido a decirle que «te ‘dimito’ por tu honestidad».

Donde unos ven la botella medio llena o medio vacía de aguas termales lusas yo, simplemente, la veo hueca; más de lo habitual, quiero decir. La gestión que la alcaldesa ha realizado del asunto del Madrid Arena ha sido lamentable, de mal en peor, pues cada vez que trataba de enderezar el asunto todavía lo torcía más. Y es que, ella que es tan dada a las citas frutícolas, no se puede pedir peras al olmo.

Madrid se merece un alcaldesa mejor, del mismo que los gobernantes de la nación no están ni por asomo a la altura de lo que corresponde al país. Políticos que reconocen haber estafado a la Unión Europea y a los parados y eluden la cárcel pagando con dinero público lo que robaron, homicidas convictos expatriados puestos en libertad y, cómo no, con cargo en el ayuntamiento de Madrid, presos políticos en la que se supone una Democracia del siglo XXI… y suma y sigue.

Madrid es hoy un buen espejo en el que España puede mirarse, porque en todos sitios cuecen habas. Botella asegura que nunca se ha planteado tirar la toalla al frente del ayuntamiento, aferrándose a ella como si en un spa, pongamos portugués, se encontrara. Se aferra a su silla de Cibeles auque para ello tengan que rodar las cabezas de sus colegas o, como le gusta decir a ella, demostrar que «el equipo tiene que estar por encima de las personas»… excepto, claro está, de la suya propia.

Ya no es sólo que el ciudadano intuya que la decencia y honestidad política brillan por su ausencia sino que, además, con ruedas de prensa y remodelaciones de Gobierno como la de hoy, siente que se le trata de tonto. Siempre pensé que no hay peor político que el que no conoce a su pueblo. Me equivocaba y le debo al PP haberme sacado del error: todavía es más peligroso el político bipolar, que un día trata a su pueblo como idiota y otro lo muele a palos, precisamente, por lo contrario, por pensar.