Opinión · Posos de anarquía

La mendicidad de Rajoy

El pasado fin de semana se celebró la I Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños y la Unión Europea (CELAC-UE) y, me van a perdonar, fue patético ver a Mariano Rajoy mendigar inversiones de compañías latinoamericanas en España. Y lo fue porque no se vio a un presidente de Gobierno tratando de estrechar lazos comerciales con sus hermanos latinoamericanos, sino a un mandatario con el rabo entre las piernas, la cabeza gacha -sabedor de que ya ni siquiera su propio pueblo le respalda- y alcanzando cotas de hipocresía difíciles de superar.

Vimos a un Mariano Rajoy reclamando inversiones a los mismos países a los que hace menos de un año el ministro de Industria, José Manuel Soria, acusaba de “clarísimos gestos de hostilidad” y amenazaba con medidas “claras y contundentes”. Rajoy pidió inversiones a países donde compañías españolas, tras esquilmar recursos naturales, han acusado de “ir en contra de las reglas de juego de libre mercado y la seguridad jurídica que debe presidir las inversiones internacionales”, a países como Venezuela, del que el presidente del PP vasco, Antonio Basagoiti, llegó a decir que “hay que ir contra Chávez y que se meta el petróleo por donde le quepa”… a países, como Cuba, del que la presidenta del PP madrileño, Esperanza Aguirre, dedica lindezas como “tiranía comunista” o “la más larga y cruel dictadura de la reciente historia de Occidente”.

Decía Nixon que “la mentira forma parte del arte de la diplomacia” y, en ese sentido, hay que admitir que Rajoy tiene una buena base. Hubo algún temerario, durante la Cumbre que se atrevió a comparar a Rajoy con Del Bosque, y a la dirección que hace el presidente del país con la que hace el seleccionador de la Roja. Nada más lejos de la realidad, porque a diferencia de lo que consiguió Del Bosque, Rajoy no ha logrado ser líder, más bien dictador; su equipo (=ciudadanía) no le respeta, más bien le tema a él y sus recortes; y no hemos ganado ningún campeonato digno de mención, más bien nos meten goles como soles. ¿El 12-1 contra Malta? Un partido de patio de recreo comparado con la que nos está cayendo.

Y allí estaba Rajoy, mendigando. Otros, en cambio, supieron mantener el tipo. Es el caso de Evo Morales, que defendió a capa y espada su teoría de que “necesitamos socios y no dueños que vengan a saquear nuestros recursos naturales”, aunque el propio Morales y otros líderes latinoamericanos deberían corregir, a su vez, su política extractivista.  Un Morales que posteriormente no ha dudado en denunciar cómo el neoliberalismo ha empapado toda la Cumbre de su opacidad habitual. El presidente boliviano ha calificado el encuentro como “una reunión de sordos. Cuando hay debates sobre políticas económicas, sobre la crisis financiera, debe ser de cara al pueblo, debe ser bajo el control de los movimientos sociales”.

Pero no hay existe este control de los movimientos sociales, más bien al contrario, se intenta silenciarlos cada vez más. ¿Por qué? Pues precisamente porque son la mayor amenaza a los modelos que traen consigo los Merkel, los Barroso y los Rajoy, esos en los que a uno no se le cae la cara de vergüenza cuando pide inversiones a quien previamente insultó. ¿De veras queremos ese modelo?