Posos de anarquía

La satisfacción de cargarse a un juez

Hay que ver qué diferentes han sido las dos salidas de la cárcel de Miguel Blesa o, por ser más precisos, cómo le ha cambiado el gesto al expresidente de Caja Madrid sobre el que se cierne la sombra del drama de miles de preferentistas, entre otras muchas tropelías. La primera de ellas, en mayo, se producía como un fugitivo convicto, como alguien que se sabe culpable y que, no nos engañemos, para salir ha tenido que pagar 2,5 millones de euros (aunque sólo su finiquito en Caja Madrid fue de 2,8 millones de euros, unos 200.000 euros menos de lo que ganaba cada año de sueldo fijo).

Aquel 17 de mayo, el angelito Blesa, el mismo que para muchos saqueó Caja Madrid aprobando para sí mismo y en plena crisis bonus multimillonarios, salía por pies de la cárcel de Soto del Real por una puerta lateral, ocultándose de la prensa a la que no quería rendir cuentas. Entonces, el ex banquero y amigo íntimo de Aznar se veía acorralado, vulnerable ante un juez que pretendía ser implacable. Y ese mismo sentimiento de fragilidad se extendía sobre el resto del sector bancario y empresarial, incluso político, porque si algo temían sus actores era que Blesa muriera matando. Todo indicaba que sería así y que, de demostrarse su culpabilidad, arrastraría consigo a una buena cuadrilla de facinerosos, cómo decía el difunto Jesús Gil.

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La situación ha dado un giro copernicano y ayer Blesa parecía otro. Sonriente, con mejor aspecto tras 15 días en la cárcel de lo que tienen muchos de los preferentistas afectados por la estafa, atendiendo a la prensa con una sonrisa de oreja a oreja. Imagino que es la imagen que a uno se le estampa en la cara cuando sabe que tiene de su lado al Gobierno, que la Fiscalía se convierte en abogado defensor... y más aún teniendo fresco en el recuerdo el caso Gürtel, que si algo dejó claro es que un juez puede ser sentenciado antes que los acusados a los que juzga si las cosas se tuercen para los de arriba. Dicho de otro modo, supongo que la jeta que se marcaba ayer Blesa era producto de la satisfacción de cargarse un juez, puesto que la Fiscalía no sólo ha conseguido anular la causa contra Blesa sino que no descarta expulsar al juez Elpidio José Silva por prevaricación.

Con esta actuación, y aunque al Gobierno no le tiembla la mano indultando a delincuentes kamikaces u otorgando el tercer grado a homicidas convictos que debían pasar cuatro años entre rejas, la Moncloa se ha ahorrado muchos quebraderos de cabeza porque, lo que parece seguro, es que de haber sido condenado Blesa, Rajoy se habría sacado un indulto de la manga... seguramente, por el bien de la Marca España, de la mayoría silenciosa y de la reestructuración bancaria que pagamos todos a fondo perdido.

Pero "la justicia es igual para todos". Ahora toca redefinir que entendemos por "todos".