Opinion · Posos de anarquía

Gangrena democrática

El Partido X ha vuelto a dar hoy una vuelta de tuerca más a su propuesta de mejora para nuestra democracia. El que se presentara hace unos meses con el lema ‘Democracia y punto’ ha ampliado su propuesta para “romper con la clase política”, apostando por listas abiertas ciudadanas y un lobby de presión social. ¿Es positivo este planteamiento? Y la respuesta es sí, más allá incluso de estar aún a la espera de contar con más información de esta agrupación, que se irá haciendo pública a partir del próximo mes de octubre.

El porqué de mi optimismo descansa en el hecho de que el Partido X es una prueba más de que el conformismo o la resignación se van diluyendo en la sociedad mal que le pese, no sólo a nuestro Gobierno, sino a buena parte del resto de fuerzas políticas. Ni siquiera entro a valorar la fórmula o los objetivos últimos del Partido X -los iremos viendo con el tiempo-, pero sí me quedo con su intención de enderezar una democracia que, en realidad, nunca desde su nacimiento marchó bien.

La Transición que parieron nuestros políticos, algunos de ellos herederos directos del Franquismo -incluido nuestro monarca, nombrado directamente por el dictador- dió como resultado una democracia con gangrena. En lugar de cortar por lo sano y deshacerse del miembro pútrido, los políticos optaron por una solución menos traumática: colocar un torniquete que contuviera la infección y taparlo con un buen pantalón.Y hoy, pertenecer o apoyar a ciertos partidos -como el PP-, dado el genocidio social que están llevando a cabo mientras benefician a las élites, ya no es cuestión de ideología, sino de ser buena o mala persona.

El torniquete se ha ido aflojando con el paso de los años y el pantalón tiene tantos remiendos que ya resulta imposible ocultar la necrosis. Basta mirar a los miembros de la élite económica, que al fin y al cabo son los que hacen y deshacen con nuestra democracia a su antojo, para darse cuenta de lo poco que ha cambiado respecto a los tiempos de la dictadura.

Nuestra democracia jamás ha caminado hacia adelante, más bien ha cojeado hasta llegar al momento actual en el que ya prácticamente se arrastra con la necrosis amenazando al resto del organismo. Ha sido en esta coyuntura, precisamente, en la que movimientos sociales de muy distinta naturaleza se han alzado como última línea de defensa ante esa putrefacción político-empresarial. Movimientos que, de manera más o menos acertada, buscan amputar todo cuanto sea necesario, sin piedad, sin torniquetes que conserven miembros gangrenados que no traerán más que desgracia y dolor.

Llegados a este punto surge la pregunta inevitable: ¿es posible amputar tanto como parece necesario y que esta decisión no sea incompatible con la vida? Sí, se puede porque ese es precisamente el otro gran don de estos movimientos sociales: la regeneración político-social. A fin de cuentas, ninguno de ellos pide de base nada del otro mundo, nada que no se encuentre en el ADN de la misma Democracia. Lo que sucede es que lo que habría de ser normal se ha convertido en algo extraordinario que durante demasiado tiempo ha pasado desapercibido, incluso, para uno de los partidos que más ha enarbolado la bandera del pueblo, el PSOE, cuyas siglas Socialista y Obrero fueron mancilladas muchos años atrás.

Hoy, es verdad que los miembros pútridos ven todavía lejos la amputación -algunos, incluso, se carcajean-, pero no menos cierto que cada día la ven más cerca… y esos que ahora tanto ríen, serán los primeros en sentir la hoja de la sierra.

Y sin anestesia.