Posos de anarquía

Boletos premiados

Hace unos días leía con asombro la noticia de un despite: el del un ganador de una Primitiva de 4,7 millones de euros que olvidó en A Coruña su boleto ganador. Ayer, incluso, la prensa británica se hacía eco de tan tremebundo descuido, que a mi me hizo pensar en el peligro de los despistes, llegando a la conclusión de que aún peor que no ser conscientes de lo que realmente tenemos es, además, que lo perdamos -o nos lo arrebaten- y ni siquiera reparemos en ello.

En la noche del lunes al martes, Amparo Amador se quitó la vida en el barrio madriñeño de Carabanchel. Ella sí era consciente de lo que tenía y de lo que la Empresa Municipal de la Vivienda (EMV) le arrebataba por 900 míseros euros: una casa en la que vivía con su marido, tres hijos menores y dos nietos. 900 malditos euros que, además, su marido José quiso pagar el mismo lunes por la mañana, con retraso, y la EMV lo rechazó, prefiriendo la opción del desahucio... y es que a veces olvidamos los detalles, como la S del Suelo de las siglas del organismo municipal: Empresa Municipal de la Vivienda y SUELO.

Todos los medios de comunicación y las redes sociales se hicieron eco del suceso. Ayer por la tarde, la sede de la EMV se inundó de gritos de protesta contra un nuevo desahucio, un nuevo suicidio para unos, asesinato para otros. Y a pesar de todo, con el corazón aun destrozado por la muerte de Amparo, su viudo, sus tres hijos menores y sus dos nietos es muy posible que se queden sin hogar por 900 míseros euros de renta y 1.200 euros de la comunidad de vecinos adeudados. Tiene guasa que las autoridades no pongan el mismo empeño en desahuciar a los bancos de sus propias viviendas desahuciadas por el impago de millones de euros a las comunidades de vecinos. A los banqueros, ni tocarlos, sólo para para inyectarles ayudas de dinero público a fondo perdido para que ellos puedan seguir comprando deuda pública y hacer negocio, para que puedan seguir dejando a familias enteras sin hogar aunque ya no sepan qué hacer con tanto inmueble vacío.

Y en este balance de saber lo que uno tiene y lo que pierde o puede perder, nuestros gobernantes son perfectos sabedores de su impunidad a la hora de violar derechos humanos que está recogidos en nuestra Constitución, esa en la que tantas y tantas veces se amparan para aferrarse al poder pero por la que en el fondo sienten el mismo respeto que por la soberanía nacional, la del pueblo, es decir, ninguno. Y como se saben poseedores de esa impunidad, no están dispuestos a perderla a manos de movimientos sociales como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH) y contraataca con amenazas de querella.

Por todo ello, hoy les pido que no pierdan su boleto de Primitiva premiado, que no se lo dejen olvidado en la administración, porque en realidad no es de una lotería de lo que estamos hablando, sino de la dignidad del ser humano, de lo que debería diferenciarnos en gran medida de los animales y que a nuestros gobernantes miserables, por carecer de ella, les convierte en carroñeros. No se dejen intimidar por querellas mezquinas. Reclamen su boleto premiado, porque sólo por ser ciudadano, por ser persona, les corresponde. No caigan en el faltal descuido, en el despiste egoista de pensar que ya lo cobraron y nadie se lo puede arrebatar, porque el día menos pensado usted puede ser víctima. Por el contrario, quiten de una vez por todas el boleto a los gobernantes, porque ellos sí que lo disfrutan sin tener derecho alguno. Y repartan.