Opinion · Posos de anarquía

Edurne Uriarte y esas rojas feas

Edurne Uriarte publica hoy una columna en ABC con el título ‘Los rojos contra Gucci’. La columnista -que no periodista porque jamás pisó facultad de Periodismo alguna- se muestra escandalizada por la reacción que tuvo en Twitter su última columna en Mujer Hoy, en la que confesaba orgullosa que «pertenezco es ese grupo de mujeres que una amiga mía llama Barbie Complementos». Con su columna de hoy, Uriarte pone en duda su «enorme equilibrio espiritual», ese del que hacía gala después de que un camarero derramara vino sobre su «último bolso Gucci». Uno no sabe muy bien si es porque las críticas vertidas contra su texto no eran de marca o porque ella tiene la certeza de que quienes la criticaron son más feos que Picio -al camarero, «que era muy guapo», le perdonó-, pero la tertuliana se muestra realmente afectada.

Su tribuna ‘Los rojos contra Gucci’ sería preocupante si no fuera porque cualquiera con dos dedos de frente sabe la pasta de la que Uriarte está hecha. La tertuliana habla de «degeneración de Twitter» y de «su dominio por parte de la izquierda radical y del populismo», lo que lo hace «crecientemente inservible para el periodismo». Curioso, precisamente en un momento en el que el periodismo se aferra a Twitter como una de sus herramientas básicas de supervivencia, la gurú Uriarte lo condena.

Es más, esta intelectual no duda ni un segundo en sentenciar que la «degradación ideológica» es tal en esta red social, «que lo aleja de los espacios de debate ideológicos atractivos para el conjunto de los ciudadanos». Imagino que por «el conjunto de los ciudadanos» se refiere a esa «mayoría silenciosa» que huye de los movimientos sociales, que no participa de presiones populares para evitar que los corruptos sigan abusando de nosotros, que no cuestionan el papel de una institución anacrónica ‘a lo Gibraltar’ como la monarquía o a la que la Educación o los desahucios le importan un pimiento… porque hay que ver el ruido que hace la minoría con esas cuestiones.

Claro, que esa minoría, según ella,  formará parte de la izquierda «uniformizadora e intolerante, con esos tics de antiguos totalitarismos comunistas que no pueden superar». Una intolerancia que se plasma en cuestiones tan vitales como el interés de las mujeres «por la estética y la moda», algo de lo que carecen, según Uriarte uno de los sectores de la izquierda más cerril, el feminista. Dicho de otro modo, esas rojas feas fueron uno de los motivos por los que la tertuliana que cada vez que acude a Los Desayunos de La 1 está más pendiente de cómo da en televisión que de lo que opina, abandonó la izquierda. En realidad no fue por eso por lo que abandonó las filas del PSE-EE, sino por un sencillo mecanismo de autorregulación natural por el que un yugo jamás puede ser una rosa -y mucho menos una hoz-, por mucho que se esfuerce.

El modo con que Uriarte hace mención al feminismo sería insultante sino fuera porque el conjunto de sus reflexiones es tan superficial, tan básico, que es indigno de entrar en mayor consideración. Tan sólo un apunte, señora Uriarte, lo que usted entiende por «gusto por la estética y la moda» no la hace a usted más femenina, ni siquiera más mujer,  sino más capitalista y clasista con ese desagradable tufillo de altanería que le lleva a perdonar a un camararero por ser guapo o, seguramente, de humillar y encararse con él si es feo -no quiero ni pensar si es una roja feminista.

Pues bien, al menos a mi parecer, con esta mente cerril y uniformadora que a buen seguro me atribuirá, es mucho más bella cualquier feminista roja con ropa de mercadillo que una tertuliana con el armario lleno de Guccis… y, además, mucho más interesante y digna de admiración porque ella quiere cambiar este mundo y la Barbie Complementos, como usted, perpeturarlo.

Y recuerde, el yugo siempre es yugo.