Posos de anarquía

Ley de Inseguridad Ciudadana

Cuantos más detalles se conocen del borrador de la nueva Ley de Seguridad Ciudadana, más parece que estamos sumergidos en una viaje en el tiempo, medio siglo atrás. Hasta ahora, lo que se conoce del proyecto impulsado por el ministro Jorge Fernández Díaz está empapado de represión e intimidación, las mismas que el titular de Interior y sus secuaces han estado alimentando contra los movimientos sociales durante toda la legislatura.

A fin de cuentas, el Pato es un digno sucesor del régimen franquista, tanto en su concepción católica apostólica romana de la vida como en su mano dura para imponerla. Valga como prueba de ello que ya en su tierna infancia, este vallisoletano de 63 años se sabía al dedillo las "alineaciones" de los gobiernos franquistas como quien se sabe la de un equipo de fútbol. Así lo confiesa él mismo en una entrevista, orgulloso de ello.

El texto de Fernández Díaz resucita el espíritu de leyes del dictador como el Fuero de los Españoles de 1945. Y como entonces, ambas normas van a contracorriente. Si en tiempos de Franco se respiraba en el mundo ansias de libertad -tres años después de los Fueros se proclamaría la Carta Universal de Derechos Humanos-, ahora el Pato busca por todos los medios sofocar cualquier atisbo de cambio, de revolución cuyo más reciente germen encontramos en las Primaveras Árabes... las mismas que el propio Rajoy, durante la 67ª Asamblea General de las Naciones Unidas, calificó como "de inquebrantable voluntad de los ciudadanos árabes por consolidar sistemas democráticos" y que la Ley de Seguridad Ciudadana de Fernández Díaz habría aplastado de inicio.

El Fuero de los Españoles limitaba libertades con mano de hierro estableciendo que "todo español podrá expresar libremente sus ideas mientras no atenten a los principios fundamentales del Estado" o que "los españoles podrán reunirse y asociarse libremente para fines lícitos y de acuerdo con los establecido por las leyes". No hace falta precisar que por defecto todo el que fuera en contra del régimen o alzara una palabra más alta contra el mismo daba, como poco, con sus huesos (seguramente alguno quebrado) en los calabozos. Ahora, nuestro Gobierno se encamina hacia lo que ya la reaccionaria delegada de Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, bautizó como "modular el derecho de manifestación".  Tras el éxito de la huelga de barrenderos y jardineros en Madrid y las demandas de gobernantes como Ignacio González o Ana Botella, así como de la propia CEOE, es cuestión de tiempo que le toque el turno al derecho de huelga.

¿Y por qué sucede esto? Porque como hace un siglo decía Gramsci, "el asociacionismo puede y debe ser considerado como el hecho esencial de la revolución proletariada". La misma que quieren aplastar el Pato y sus secuaces. A estas horas, veo que en referencia a esta ley se ha creado el hashtag #LeyAnti15M y ya es TT. Algunos hablan de un 15M en estado comatoso pero, en realidad, no es así puesto que el espíritu del 15M es el que se esconde detrás de muchos de los movimientos ciudadanos que hoy se materializan en las mareas. El 15M trascendió la realidad de movimiento hacia una modo de actuar, de aliarse, de colaborar y luchar contras las injusticias sociales. Una filosofía que nos busca el sprint, sino la carrera de fondo.

Y contra todo eso es contra lo que arremete la Ley de Seguridad Ciudadana. Una ley que castiga a quien, por ejemplo, grabe y difunda actuaciones policiales que vayan contra el honor de las fuerzas de seguridad. Y en este punto uno se pregunta, ¿qué hacer con las actuaciones que son en sí mismas indignas de un policía, que dañan el honor de todo el cuerpo no por ser grabadas y difundidas, sino por su naturaleza misma? Hablo de las decenas y decenas de vídeos que hemos visto en las redes sociales de claros abusos policiales y que nuestro ministro del Interior no sólo no ha castigado o condenado, sino que ha aplaudido. ¿También esos serán sancionados mientras que a los agentes se les indulta o, incluso, condecora?

Decía de nuevo Gramsci que si la "revolución degenera miserablemente en un nuevo Parlamento de embrollones, de fulleros, necios e irresponsables, serán necesarios nuevos y espantosos sacrificios para el advenimiento del Estado de los proletarios". Imaginen si a esta revolución ni siquiera se le da la oportunidad de triunfar.