Posos de anarquía

Donaciones y principios

La ONG Save the Children se ha visto en vuelta en la polémica en Reino Unido. Según revela The Independent, la ONG habría no sólo censurado críticas a gigantes energéticos como British Gas o EDF, sino que incluso habría parado campañas mediáticas contra ellos, a pesar de las últimas subidas de precios y la denominada pobreza de combustible que asola Reino Unido y que se ceba especialmente con los niños. Hablamos de Reino Unido, la segunda potencia económica de Europa, la misma que no duda en criticar a países socialistas acusándoles de tener a su gente en la pobreza mientras ellos mismos cuentan con casi 2 millones de hogares que prácticamente tienen que elegir entre comer o calentarse en invierno.

A pesar de ello y según las informaciones aparecidas hoy en la prensa británica, Save the Children prefiere mirar a otro lado. ¿Por qué? Por los cuantiosos patrocinios que estas compañías energéticas aportan a la ONG. El sacrificio de unos pocos (casi dos millones de hogares) para salvar a muchos, pensarán algunos. ¿Es este el razonamiento que debemos seguir o, por el contrario, deberíamos ser inflexibles a la hora de tolerar este tipo de cosas?

¿Por qué aplaudir a Amancio Ortega y su donación a Cáritas si por otro lado tiene acusaciones de explotación laboral en países extranjeros y de precariedad en el empleo en nuestro propio país? ¿Por qué consentir que las grandes multinacionales intenten lavar su imagen con donaciones o patrocinios -que encima, les degravan- mientras son unos de los actores que más pobreza generan? ¿Por qué aplaudir la labor de algunas organizaciones por el bien que hacen sabiendo que la mitad del dinero con que cuentan se despilfarra, por qué verlo como un mal menor?

Es una cuestión de principios y, precisamente porque estamos en crisis, debemos ir descartando las justificaciones del tipo "mejor eso que nada". Y en este punto no vale tirar balones fuera, no sirve la excusa de descargar la responsabilidad única en los gobiernos y las autoridades que deberían perseguir todas las tropelías que se esconden tras una donación. La exigencia de la ética debe comenzar por uno mismo, por la ciudadanía que ha de tener la entereza suficiente de plantarse ante estas acciones y rechazar dinero sucio, manchado con el sufrimiento del prójimo que, quizás, ya nunca más pueda beneficiarse de uno de estos patrocinios.

"Bollero", me dirán algunos, "es usted un idealista, porque cuando el plato está vacío te da igual quién lo llene". Me resisto a pensar que tienen razón y, más bien al contrario, me reafirmo en que si en parte nos encontramos en el punto que estamos es, precisamente, porque nos faltan ideales y confundimos con demasiada frecuencia pragmatismo con mirar a otro lado. No lo hagan o, a la larga, serán ustedes mismos los sacrificados para que otros puedan donar a su costa.