Opinion · Posos de anarquía

España en estado de excepción

Javier Pérez de la Cruz nos regala la crónica de los enfrentamientos que han tenido lugar en el centro de Hamburgo. Unos choques entre policía y manifestantes que han llevado a declarar el estado de excepción y la zona de peligro (Gefahrengebiet) en los barrios centrales. Un patinazo de Angela Merkel como la copa de un pino… el segundo estas Navidades, sólo que a diferencia del primero, en lugar de romperle la pelvis lo que éste hace es fracturar la democracia misma.

La policía campa a sus anchas en Hamburgo, limitando los derechos fundamentales de la ciudadanía, pudiendo parar, registrar y pedir la documentación a cualquier persona, aunque no exista sospecha alguna que lo justifique. Y todo ello después de haber optado por el enfrentamiento bien pertrechados con porras, gas pimienta y lanzaguas. Obviamente, por parte de los manifestantes se ejerció resistencia, pero el hecho de que algunas fuentes apunten hacia 120 heridos en las filas policiales y a más de 500 entre los manifestantes da una idea muy clara de lo sucedido.

En España se ha recibido la noticia con una especia de shock, de golpe en la línea de flotación de ese país de apariencia perfecta que es Alemania en esta Europea maltrecha. Y digo en apariencia porque cualquiera que rasque su superficie descubre el drama de los minijobs, de los jubilados trabajando para llegar a fin de mes o de sus bancos endeudados, siendo unos de los principales precursores de las burbujas inmobiliarias.

Sea como fuere, España se ha sobresaltado al conocer esta declaración del estado de excepción sin ni siquiera reparar en que nosotros mismos llevamos así desde que el PP llegó al poder. Efectivamente, se trata de un estado de excepción encubierto pero, ¿acaso la policía no acostumbra a parar, registrar e identificar a los manifestantes -sean o no pacíficos- en cualquier protesta sin  ninguna justificación? ¿No es cierto que la respuesta de los antidisturbios, como ha sucecido en Hamburgo, es desproporcionada con demasiada frecuencia?

Sin embargo y aunque a la gente de bien le indigne, ésta comienza a asumir como normal que un policía actúe en cualquier manifestación como en el Gefahrengebiet alemán. Y no sólo a la gente de bien, pues esta suerte de resignación se extiende al principal partido de la oposición (PSOE) que en escasas ocasiones ha reprochado al ministro Jorge Fernández Díaz la excesiva contundencia de las fuerzas del orden.

En este sentido, Rajoy debe sentirse orgulloso porque, por una vez y sin que sirva de precedente, Alemania imita las medidas españolas y no a la inversa… con una pequeña diferencia: en el caso de Hamburgo, la medida es temporal y en nuestro país se ha convertido en la tónica general, reforzada por una Ley de Seguridad Ciudadana absolutamente represora.

Otro día hablamos de por qué los gobiernos conservadores como los de Rajoy o Merkel siguen empeñados en acabar con los centros sociales/culturales que organizan los movimientos sociales sin ofrecer otras alternativas.