Posos de anarquía

Un funeral de Estado modélico

Desde que muriera la semana pasada el presidente Adolfo Suárez, no ha pasado un sólo día sin que no se le nombrara sin asociarle con una "Transición modélica". En mi último post criticaba este sentir hipócrita y esa asunción de un período ejemplar que, a mi modo de ver, no lo fue tanto. Pues bien, lo que no podremos reprochar hoy, día en que se oficia el funeral de Estado a Suárez, es que su funeral será tan modélico como lo fue la Transición.

¿Por qué? En primer lugar por quién lo oficia: Rouco Varela, que quiere darse su último baño de multitudes antes de salir por la puerta de atrás del trono de la Iglesia española. Si tanto querían revivir ese supuesto espíritu de la Transición, con Rouco lo han conseguido. Que el funeral hubiera sido oficiado por Ricardo Bláquez, nueva cabeza visible de la Conferencia Episcopal, habría fracturado ese espíritu de consenso, de mirar a otro lado y meter la basura debajo de la alfombra, pues fue durante su primer mandato cuando la Iglesia Católica pidió perdón por su papel en la Guerra Civil (que no en los años de la dictadura). Mejor Rouco, sin duda, que recuerda más a un cura castrense de la Transición que a los nuevos aires que parece traer el Papa Francisco (y que aún tiene que plasmar en hechos concretos).

Pero sin duda, el hecho que hace más modélico el funeral de Suárez, tanto o más que la misma Transición, es la presencia del dictador Obiang de Guinea Ecuatorial. El tipo vendrá a España con su habitual desfachatez, esa que da el saberse con poder por el petróleo que atesora, unos pocos días antes de que acuda a Bruselas a dar sendas conferencias a cargo del erario español en la UNED y en el Instituto Cervantes. Algo contra lo que ya hay miles de firmas reunidas.

Ni un grupo político ha alzado una sola crítica por la asistencia del dictador y, claro, vistas además las actuaciones complacientes tanto de PSOE como de PP cuando se encuentran en La Moncloa, a uno le da por creerse que, efectivamente, Obiang suelta a los partidos algo más que encanto por debajo de la mesa. Una pena porque esta connivencia choca frontalmente con todas y cada una de las declaraciones en las que encajan con calzador la palabra "democracia", que ha perdido por completo su valor.

Eso sí, seamos francos, este funeral es digno de la Transición.