Posos de anarquía

Aún equivocándose, Podemos gana

La polémica en torno a Juan Carlos Monedero está pasando factura a Podemos, pero el bipartidismo sufre tal miopía que ha dejado pasar una oportunidad de excepción para sacar verdadero rédito político... Y si eso ha sucedido en el PP y PSOE, se pueden imaginar qué ha pasado en sus medios de comunicación afines, que han perdido por completo el norte al ser altavoz de noticias sesgadas, cargadas de subjetividad y destilando desmesura por los cuatro costados.

Por clarificar: A falta de que Monedero presente las correspondientes facturas y se vea cuándo cobró y cuándo facturó (y si hay dos años de diferencia entre ambos hechos), lo que es innegable, lo presente Podemos como lo presente, es que la gestión de este tema ha sido penosa. No ha habido transparencia, aunque se hayan publicado extractos bancarios. Recuerda a cuando un político presenta su Declaración de la Renta y nos vende que están limpio: lógicamente, el dinero negro no va a aparecer en esa Declaración...

Escuchar a Pablo Iglesias defender a Monedero con el argumento de que podía haber sido aún más pillo y, en lugar de tributar como sociedad lo que tenía que haber hecho como persona física, podía haberlo hecho fuera de España y no pagar un euro es esperpéntico. No puedes defender la honestidad de alguien diciendo que podía haber sido aún más deshonesto. Porque más allá de la legalidad -que lo habrán de deteminar los expertos-, de lo que hablamos aquí es de honestidad, de cumplir con el discurso que imparte en todos los foros habidos y por haber.

A pesar de este patinazo de Podemos, en el que siguen enrocados, la virulencia con la que se ha atacado al partido ha sido desmesurada. Para empezar, porque en el caso de que haya delito, Monedero no ha estafado con dinero público, sino que no ha tributado lo que debía. Hay una gran diferencia respecto al resto de casos con los que se le quiere comparar.

Por otro lado, ver cómo el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, bordea la legalidad utilizando y haciendo públicos datos fiscales que no tendría por qué conocer hace que cualquiera se ponga en guardia y el asunto apeste a persecución política. Una teoría que sustentan el ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, al asegurar que "Monedero no ha hecho la Declaración en toda su vida", o la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, al utilizar la rueda de prensa del Consejo de Ministros para hacer política partidista, algo que rechazaba de plano cuando era preguntada por la caja B del PP y los pápeles de Bárcenas.

Los medios afines, por su parte, están sometiendo a los líderes de Podemos a un escrutinio brutal. No me malinterpreten, no creo que sea malo, más aún considerando que el partido de Iglesias se ha convertido en una opción real de Gobierno. Lo que me llama la atención es que jamás hemos visto un escrutinio tal en partidos como el PP o el PSOE (y con todo, miren todo lo que ha salido). De nuevo, huele a persecución.

En mitad de este clima de 'todos contra Podemos' y a pesar de que Monedero haya sido el primero en asumir el papel de víctima como perfecta cortina de humo para sus deslices fiscales, la culpabilidad de hechos reprobables por parte de Podemos pierde peso. Los seguidores de la formación, aún teniendo dudas o pensando que Monedero debería echarse a un lado, cierran filas en torno al partido porque esta ingeniería fiscal no justifica los ataques sufridos. No están dispuestos a que se torpedé su opción de Gobierno por unos hechos que no tienen tal peso específico. Y no les culpo. El bipartidismo se ha pasado de frenada y Podemos, aún equivocándose, gana.