Posos de anarquía

IU o cuando las siglas son como las banderas, prescindibles

En estos tiempos en los que algunos identifican patriotismo con ciega devoción a símbolos como banderas o himnos, creo que es importante hacer un llamamiento a la razón. Hoy en día resulta más importante que nunca no caer en la trampa de la miopía identitaria, de aferrarse a elementos vacíos de significado para intentar reafirmar lo que debería cobrar sentido por sí mismo con hechos.

Patriotismo no es besar una bandera, sino ser solidario con tu compatriota, aportar tu granito de arena para que tu país -sea o no en el que naciste- sea un buen sitio para vivir... para TODOS. Besar una bandera, si no hemos velado para que todo el mundo quiera besarla porque representa su red de salvación, su garantía de bienestar, es como si besáramos un trapo. El mismo trapo que esos que presumen de patriotismo besan de cara a la galería pero que, en realidad, es con el que se limpian las manos de suciedad y sangre que tienen a sus espaldas, con los que han contribuido a generar un país desigual.

Patriotismo es trabajar por ese país justo y equitativo y hacerlo sin menoscabo de otras naciones, de otros pueblos pues, al fin y al cabo, hacia donde debemos caminar es hacia un patriotismo global. Una meta que, precisamente hoy en el Día Mundial del Medio Ambiente, el Planeta nos dice que es la única salida.

Con la política sucede lo mismo. Las siglas son como las banderas, prescindibles. Si analizamos la crisis en la que está sumida Izquierda Unida (IU), resulta sencillo de entender. Hoy Alberto Garzón presenta su proyecto de unidad popular, ese con el que desde la ejecutiva regional de IUCM (IU Comunidad de Madrid) le acusan de querer desmantelar IU. ¿Y si fuera así, qué tendría de malo? Izquierda Unida ya no hace honor a su nombre y cuando una relación se deteriora parece absurdo querer forzar su mantenimiento. Lo mejor, en estos casos, es que cada uno emprenda su camino.

La corriente que defiende Garzón y el propio José Luis Centella desde el PCE parece radicalmente opuesta a la que propone gente como Raquel López, la que fue candidata a la alcaldía a Madrid y ni siquiera ha entrado en el Ayuntamiento. ¿Qué sentido tiene defender unas siglas como IU que, hoy por hoy, están vacías de contenido? Son las personas y los principios los que realmente importan, así como su capacidad de trabajo en equipo para alcanzar sus meta. La corriente que defiende López no suma, resta a la que tratan de impulsar Garzón y Centella. A esa corriente que, como decía Julio Anguita hace poco en Mundo Obrero, ha de aprovechar "la tradición revolucionaria del PCE y el espíritu fundacional de IU". En este punto, parece del todo lógico que cada uno siga su rumbo y, como bien indica Gaspar Llamazares, se consulte a la militancia.

Lo realmente importante no son las siglas, sino lo que se defiende detrás de esas siglas. Es algo que desde un sector amplio de IU parecen no haber entendido, como tampoco lo ha entendido Pablo Iglesias desde Podemos a pesar de haberlo sufrido en carnes propias. Allá donde Podemos ha acudido en solitario, y son muchos los municipios en los que, aunque se empleara el subterfugio de una marca blanca todo el mundo sabía que se trataba de Podemos, han obtenido peor resultado que con una candidatura de unión popular. Madrid y Barcelona son los casos más representativos.

Por este motivo, si la izquierda quiere dar un golpe de efecto real en las próximas Generales, habrán de dejar de besar una bandera que puede convertirse en trapo. No se trata de hacer una sopa de siglas sino de ver todos los puntos comunes, tanto de objetivos como de procedimientos para llegar a ellos, y remar en la misma dirección. Quien se aferre a una siglas, quien peque de prepotencia o de erigirse en único poseedor de la verdad y la ética está abocado al fracaso y, lo que todavía es más deseperanzador, a ni siquiera saber gestionar ese fracaso.