Posos de anarquía

La venganza de Botella

Con Ana Botella no existen las casualidades, sino las causalidades. La alcaldesa de Madrid, cuya gestión al frente del Consistorio al que llegó por el método del dedazo ha sido una de las más nefastas de cuantas se recuerdan -y se recordarán-, ha desalojado hoy el Patio Maravillas... el mismo día que enterraba los restos de más de media docena de personas junto a los de, supuestamente, Miguel de Cervantes.

¿Cuál de los dos actos tiene más que ver, en realidad, con la cultura? Se lo diré yo: el primero. El segundo, a fin de cuentas, no era más que un baño de multitudes para la alcaldesa, tan necesita de afecto estos días en los que tanta y tanta gente le ha dado la espalda. Eso es todo. En cambio, el primero, lo que ha hecho es intentar acabar con una iniciativa que ha hecho más por la cultura en la capital que ningún otro equipo de Gobierno al frente del Ayuntamiento en los últimos casi 30 años. Y hablo de la cultura de verdad, de la que está al alcance de todo el mundo, que es accesible, inclusiva, que no requiere ir de punta en blanco ni llevar la billetera llena.

Hablo de la cultura real, la que hace pensar, la que dinamiza un barrio entero y extiende sus tentáculos por toda la ciudad... benditos tentáculos. De esa cultura que no es sectarista, que es participativa, que nace y se transmite para unir, no para separar, que no se instrumentaliza, sino que su vida propia es la enriquece a todos... que, en suma, es imposible de utilizar para empobrecer al prójimo.

Botella hoy no contemplaba únicamente el monumento funerario a Cervantes, sino el suyo propio en el sentido político de la palabra y mientras escuchaba el himno 'La muerte no es el final', seguramente mascullaba en su interior "tú nos dijiste que la muerte no es el final del camino...", repitiéndoselo una y otra vez, una y otra vez...

Relativamente cerca de allí, con nocturnidad y alevosía se había desalojado unas horas antes el Patio Maravillas que, no se equivoquen, no se ha desalojado por un estricto cumplimiento de la ley, sino porque, no sólo suponía, sino que ha supuesto una continua amenaza a la derecha más rancia de este país. El Patio ha sido un espacio de reflexión, de debate, de confrontación de ideas... resumiendo, de pensar, algo en contra de lo cual está en contra la derecha, más amiga de adoctrinar, de disponer de una sociedad embobada, atontecida enchufándoles la mitad de un Telediario una noticia sobre la final de la Champions...

El desalojo del Patio Maravillas de hoy ha sido, simple y llanamente, un acto de venganza de Ana Botella, que ha visto cómo en la calle Pez de Madrid se ha conseguido reunir más talento, ilusión, creatividad, solidaridad, espíritu de sacrificio e intelectualidad de la que ella jamás ha visto junta en un único espacio sin que hubiera un fajo de dinero detrás. La venganza de Botella ha ido contra todo eso, contra la casa que albergó a multitud de movimientos sociales que fueron cubriendo todas las carencias que el Ayuntamiento del PP iba generando con su desidia y su falsa austeridad... o su austeridad selectiva, si lo prefieren.

Y uno de esos movimientos fue, por ejemplo, Ganemos, que ha ido en la lista de Manuel Carmena, dispuesta a resucitar un Madrid que nada tiene que ver con un relaxing cup of café con leche en la Plaza Mayor. Ese es el estilo, no sólo de Botella, sino del PP en conjunto, más amigo de la represión que de ganarse el respeto, como también demostró en los albores del 15-M la que pronto será presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, cuando ordenaba violar el derecho constitucional de reunión pidiendo identificaciones a grupos de veinte personas a lo más, sentadas en el Parque del Retiro dialogando pacíficamente.

Pero, ¿saben qué? El Patio Maravillas que han desalojado sólo era un edificio y, precisamente y gracias a las políticas especulativas del PP, sobran edificios. El Patio Maravillas que nunca conseguirán desalojar es el conformado por todas y cada una de las personas que han participado, que han colaborado y han aportado alguna vez su granito de arena a tan admirable iniciativa. Y esos, amigos míos, siguen tendiendo sus tentáculos porque para ellos, sí que la muerte el desalojo sí que no es el final. Benditos tentáculos.