Opinión · Posos de anarquía

Alberto Garzón, ¿soldado raso?

Ayer asistí a un debate en Málaga que, bajo el título ‘Voces por la confluencia’, reunió a Juantxo López de Uralde, candidato de Equo a la próximas generales, y Antonio Maíllo, coordinador general de IULV-CA. El encuentro, más allá de reforzar los mensajes que desde la inicitiva popular de Ahora en Común se vienen lanzando en las útimas semanas, sirvió para llamar la atención sobre dos hechos fundamentales:

Por un lado y como se encargó de recalcar López de Uralde, que “nos queda poco tiempo”, pues tras la pasada asamblea estatal del pasado 12 de septiembre en Madrid, la maquinaria de Ahora en Común debería redoblar los esfuerzos si no quiere morir antes de nacer como partido, porque lo cierto es que desde que se presentaran en junio en el Círculo de Bellas Artes (Madrid) la recogida de firmas que se suman a su manifiesto no llegan ni a 30.200 -hay peticiones en Change.org por el cierre de perreras-crematorio con tres veces más firmas.

Por otro, las primarias de Ahora en Común que determinaría, una vez constituido como partido -aunque, en realidad, ya fue registrado en el ministerio del Interior como partido por un miembro de Podemos-, determinaría a los candidatos. Lancé la pregunta al aire: en caso de que en esas primeras sus respectivos números 1 no salieran en puestos de cabeza, ¿continuarían tanto Equo como IU sumándose a la candidatura unitaria?

En realidad, la respuesta de López de Uralde sobraba, puesto que en ciudades como Madrid Equo ya ha dado muestras de echarse a un lado y apoyar desde la segunda fila si con ello beneficia al proyecto de confluencia, pero quería escuchar a Maíllo y no hizo falta: su cara de sorpresa al escuchar la pregunta lo dijo todo. A la hora de verbalizar, el dirigente de IU aseguró que “cuando se hacen primarias, todo el mundo asumimos las reglas del juego, se trata de una cuestión de confianza”.

¿Todo el mundo? Algo me dice que la cara de asombro de Maíllo cuando formulé la pregunta sería la misma que la de Alberto Garzón si, tras las primarias de Ahora en Común, se encuentra con que pasa de ser candidato a la presidencia a ser un soldado raso más, a no estar incluido, quizás, ni en los puestos de cabeza de la lista de confluencia. Maíllo aseguró que lo encajaría de buen agrado, que son “las reglas del juego”, pero algo me dice que no es del todo así.

Algo me dice que, incluso buena parte de la militancia de IU, y lo vemos con el sector de Izquierda Abierta, no terminan de ver de buen agrado que tengan que poner toda sus infraestructura nacional al servicio de Ahora en Común para defender a un candidato que, no es del todo descabellado, sea un auténtico desconocido. ¿De cuántos militantes hablamos? Pues resulta complicado porque IU es de las formaciones más opacas para ofrecer este dato pero, antes de que expulse a los que no se reafilien a la nueva federación de Madrid, IU cuenta con alrededor de 28.000 militantes activos y unos 55.000 simpatizantes.

Hasta hace muy poco, que IU no había querido dar un paso al frente para no cobrar demasiado protagonismo en Ahora en Común, sus militantes actuaban como ‘independientes’, en ocasiones incluso evitando decir que eran de IU, pero ¿qué sucedería si la militancia quedara dividida entre los que aceptan ese riesgo de disolución del partido en el seno de Ahora en Común y los que no? ¿Por qué no se ha consultado a las bases? ¿Por qué Garzón asume en solitario, por lo que dice Maíllo, que pueda quedar relegado, incluso, a quedarse fuera del Congreso de los Diputados? Porque, no lo olvidemos, eso es confluir, esa es la generosidad de la propuesta cuya bandera enarbolan: hacer piña aceptando la decisión de la mayoría que podría relegar a Garzón a soldado raso.

En lo que a Equo respecta, a López de Uralde, como digo, le avalan sus actuaciones generosas en las pasadas Municipales, aunque en relación, no a los ciudadanos que tiran del carro de Ahora en Común, sino de los otros partidos que quieran sumarse, el líder de Equo matizó: “La generosidad tiene un límite y no siempre tenemos que ceder los mismos. Del mismo modo que los partidos pequeños tenemos que entender a los grandes y su espacio, los grandes también tienen que entender que los pequeños existimos porque no todo el mundo piensa igual. Eso es una verdadera confluencia”.