Posos de anarquía

Ni independencia ni apocalipsis

La lectura que hace Artur Mas de los resultados electorales ratifican lo que ya se evidenciaba en campaña: Definitivamente, los independentistas se merecen a un líder mejor que Mas. ¿Cómo puede afirmar que la independencia ha quedado legitimada si ni  ha conseguido la mayoría absoluta ni ha alcanzado el 50% de los votos? Ni siquiera tiene garantizado que puede volver a ser president, pero el que fuera de número 4 por Junts Pel Sí quiere aparecer como el gran triunfador.

Algo parecido sucede con el PP, desde cuya sede en Génova ahora sí ven como un plebiscito las pasadas elecciones para, de ese modo, desviar la atención sobre su clamoroso fracaso y fijarla en que Mas no ha validado su apuesta independentista. Allí estaba anoche Pablo Casado, soltando un discurso que ni él mismo terminaba de creerse, eludiendo a toda costa hablar de cómo su candidato García Albiol ha perdido, incluso, cerca de 5.000 votos menos en su querida Badalona. Toda la campaña asegurando que las Catalanas eran sólo unas elecciones autonómicas y, como tales, el PP debería admitir que la opción de Mas ha ganado y la suya ha perdido. García Albiol, al menos, sí admitió su batacazo.

Otro de los grandes fracasados de los comicios ha sido Catalunya Sí Que es Pot, muy lejos de los resultados esperados y con un Pablo Iglesias en horas bajas. ¿Qué ha fallado en esa candidatura? ¿Ha pecado Iglesias de exceso de protagonismo por delante de socios de candidatura como el propio Juantxo López de Uralde (Equo) o Joan Herrera (ICV)? ¿Ha sido esa arrogancia la que ha propiciado que los resultados sean peores de lo que lo fueron cuando ICV-EUiA iban en solitario? Posiblemente porque, de hecho, ha sido la misma arrogancia que ha tenido el líder de Podemos a la hora e interpretar los resultados, hablando de "responsabilidad de Estado", algo que no le ayudará demasiado de cara a las Generales.

Lo que Iglesias siempre ha llamado la franquicia del PP, la marca blanca de los de Rajoy, no sólo ha comido del granero de votos del PP, sino que le ha dado una dentellada a los votantes que esperaba alcanzar Catalunya Sí Que es Pot. Ciutadans mejora notablemente sus propias expectativas, convirtiéndose en la segunda fuerza política y colocando a Albert Rivera en el disparadero para el próximo 20 de diciembre... aunque se pase de frenada cuando asegura sin rubor que ha sido su partido el que ha salvado a España de romperse.

¿Y el PSOE? Pues fracaso a medias, porque aun con peores resultados que en las anteriores elecciones, le sigue sabiendo a triunfo porque el golpe en su línea de flotación no ha sido tan duro como pronosticaban las encuestas. Sobrevivir le sabe a victoria, aunque en la práctica no sea tal.

Y ahora, ¿qué? Pues ni independencia ni apocalipsis pero, si el nuevo presidente de España, sea del color que sea, tiene sentido de la responsabilidad y un mínimo de buen estadista, acometerá una profunda renovación de nuestro modelo de nación y de nuestra Constitución, porque lo que ha quedado claro, sin paliativos, es que tanto en Catalunya como en otra autonomías como Euskadi el modelo vigente no sirve. El fracaso del PP es un recado para Rajoy y para todo aquel que le suceda (si le suceden): esconder la cabeza, su famosa estrategia de la avestruz, no sirve para nada. Veremos si supera su ineptitud en este asunto o se hunde aún más en ella, como ya hizo anoche desde Génova.