Posos de anarquía

¿De abajo? Sí, pero por ser de izquierdas

El otro día tuve oportunidad de participar en un debate, que próximamente se emitirá en Fort Apache, sobre la figura Jeremy Corbyn, el hombre que ha revolucionado el partido laborista en Reino Unido. Durante el programa, la secretaria de Análisis Político de Podemos, Carolina Bescansa, sitúo a Corbyn abajo, huyendo una vez más de las etiquetas de izquierda y derecha.

¿Está Corbyn abajo? Efectivamente, pero lo está porque está a la izquierda. La izquierda genuina, esa que lleva décadas ausente en el partido laborista británico, siempre ha estado abajo y con los de abajo, porque está en su mismo ADN. Querer huir de etiquetas políticas cuando éstas son más necesarias que nunca es un error porque, precisamente el argumento de arriba y abajo es el que esgrime la extrema derecha para avanzar silenciosamente en Europa, como hemos podido comprobar de manera notoria en países como Francia o, más recientemente, Grecia.

No sólo hay que abrazar esa etiqueta de la izquierda sino que, ante el envite cruel y mezquino del neoliberalismo, hay que enarbolar su bandera con más orgullo que nunca. La izquierda, la real, la que también lleva años ausente en el PSOE en España, es la que no abandona a la clase obrera, la que lucha contra la desigualdad y jamás antepone la prima de riesgo a los Derechos Humanos. La izquierda auténtica es la que ve en los mercados, tal y como hoy están configurados, a un enemigo y no a un aliado, es la que no comercia con la soberanía ni mercantiliza con el Estado del Bienestar. Por eso, efectivamente, Corbyn está abajo.

Pero lo más inquietante de la posición de Corbyn es que parezca que tiene todo en contra cuando, en realidad, acaba de ser elegido en unas primarias con el mayor apoyo jamás registrado (casi un 60%) por parte de la militancia. Al otro lado, sólo un 10% de los diputados electos le respaldan y esa conspiración que tiene lugar entre la pseudoizquierda de los laboristas es la que puede poner en peligro el reformismo antiausteridad de Corbyn. ¿Cómo es posible que el aparato del partido sea tan poderoso que vaya, incluso, contra la militancia de base, que es la que realmente le da el poder?

Nada nuevo bajo el sol, pensarán, porque incluso aquí en España lo hemos visto en la última época del PSOE que, en ese sentido, tiene muchas similitudes con los laboristas. Una diferencia, eso sí: en el PSOE el aparato ha posibilitado que ni siquiera sea posible la irrupción de un líder como Corbyn, condenando al partido a una amnesia prolongada de lo que realmente significan sus siglas.

Así pues, hoy más que nunca, aquí o en Reino Unido, la militancia de base ha de imponerse, ha de hacer valer el poder que sobre el papel tiene en los partidos porque de ello depende que se recuperen etiquetas, que se destierre de una vez por todas ese mantra de que "sólo se gobierna desde el centro" porque, quien así piense en un partido que se declara de izquierdas, es que quizás se ha equivocado de formación.