Opinión · Posos de anarquía

¿Que vienen los grises? Los grises nunca se fueron

Las del próximo 20 de diciembre son las elecciones más importantes de nuestra democracia. ¿Cuántas veces han oído esa expresión a lo largo de esta campaña? Probablemente muchas y, lo más inquietante, que lo habrán hecho de uno y otro lado. En parte llevan razón pero, en esencia, es mentira. Me explico: el momento, las elecciones en sí, efectivamente, son importantes, pero ¿qué democracia?

Lo que sucedió ayer por la tarde en Málaga resulta bastante ilustrativo de la democracia en la que vivimos, de este régimen en el que en ocasiones se oyen voces de alarma “que vienen los grises” para alentar al voto de izquierdas. No se equivoquen: los grises nunca se fueron… aunque aún puede ser mucho peor.

Imaginen: acto electoral de Unidad Popular con sus correspondientes permisos. ¿Motivo? Protesta animalista absolutamente pacífica y con fuerte cariz antitaurino. En un momento dado de la concentración, aparece la Policía Nacional, con sus números de identificación ocultos, solicitando la documentación a los concentrados. Ante la negativa de algunos de ellos, los policías optan por solicitarla “sólo a los que no vengáis de Unidad Popular”. Un despropósito. La convocatoria estaba hecha y se suma quien así lo desee, es libre, autorizada y abierta a quien esté o no con Unidad Popular.

¿Se imaginan a la Policía Nacional pidiendo la documentación a Rajoy cuando hace apenas unos días él mismo paseaba por la calle Larios de Málaga camino de un chocolate con churros? “¿Viene usted por el PP? Si no es así, documentación”. Eso es lo que al final ha sucedido, llegando a pedir el DNI a Francisco Guzmán, el número 1 por Málaga de Unidad Popular.

La situación se hace más esperpéntica cuando se solicita a los policías que se identifiquen. A fin de cuentas, ¿quién me asegura a mí que ese tipo es realmente policía o un impostor? El agente se niega a identificarse hasta que el ciudadano no muestre su documentación y, además amenaza con llevárselo a comisaría. Ahorraré los momentos más propios de una tira de Ivà y su mítico Makinavaja o de Kim y Martínez el Facha, esos en los que un ciudadano normal y corriente le pide a un agente de policía que razone y éste se pone como un basilisco cerrando con un “porque lo mando yo, porque yo soy la autoridad”. Y Marcelo, el ángel de la guarda, aparcando coches…

¿Desde cuándo en una democracia real la Policía Nacional puede reventar una concentración -sea del partido que sea- que, en realidad, es un acto electoral con todos los permisos en plena campaña de Elecciones Generales? ¿No debería pronunciarse, al menos, la Junta Electoral de zona al respecto? ¿Recibían órdenes directas esos agentes o, sencillamente -y en esta ocasión me inclino más por ésto-, es una prueba más de la depuración cada vez más imperativa de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado?  Sí, esos sobre cuyas espaldas descansan los 961 casos de torturas o malos tratos recogidos por la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura (CPDT) en su informe anual La tortura en el Estado español en 2014 (frente a los 527 de 2013).

Así que no crean que hay que votar y saber muy bien qué se vota el 20D ante el peligro de que lleguen los grises, no. Hay que saber muy bien qué se vota, precisamente, para sacarlos de su sitio, en todas sus escalas de gama de color.