Opinión · Posos de anarquía

Comienzan las rebajas… en política

La política cada día se parece más al fútbol; lo mismo sucede con sus informaciones. Si los diarios deportivos terminan haciendo crónica rosa o amarilla de los clubes de fútbol y sus jugadores, los periódicos generalistas hacen lo mismo con la información política. No es que no haya información interesante más que suficiente, pero los medios se quedan con la carnaza fácil de digerir. En el caso de la prensa deportiva, resulta ‘más interesante’ ver los Reyes Magos de Cristiano Ronaldo que dedicar ese espacio a otros deportes minoritarios que no sean el fútbol y, en el de la prensa generalista, continuar con la polémica de las cabalgatas de Reyes que ahondar en que pasarán meses hasta que España tenga un Gobierno.

Centrándonos en este último punto podemos afirmar que, como sucede en los comercios a partir de hoy, comienzan las rebajas. El primero en hacerlo ha sido Mariano Rajoy, desesperado por un pacto con Ciudadanos y PSOE. Resulta curioso cómo el Gobierno que más ha gobernado a golpe de decretazo en toda la historia de nuestra democracia ahora vea posible el consenso. Prácticamente el 40% de todas las iniciativas legislativas han sido aprobadas con el rodillo parlamentario de la mayoría absoluta del PP, incluidos unos Presupuestos Generales del Estado para quien entre próximanente en La Moncloa.

Sabedores del sinsentido de su planteamiento, Rajoy y los suyos se entregan al periodo de rebajas a pecho descubierto, dispuestos incluso a negociar uno de sus buques insignia: la reforma laboral.  Ni siquiera descartan un nuevo Estatuto de los Trabajadores y sus dos únicas líneas rojas son que Rajoy sea el presidente y, situándolo como el reclamo de las rebajas, la unidad de España.

A éste último reclamo se suma Albert Rivera que, en el caso de Ciudadanos, más que rebajas son saldos. Después de haber asegurado por activa y por pasiva que no facilitarían un Gobierno ni de Mariano Rajoy ni de Pedro Sánchez, los de la formación naranja son junto a Rajoy los que más apoyan la gran coalición. Rivera no quiere quedar relegado a una oposición debilitada ante un Gobierno de izquierdas y es consciente de que la convocatoria de nuevas elecciones no traería nada bueno a Ciudadanos, que previsiblemente perdería votos en favor del PP.

Por su parte, el PSOE debe dejar de hacerse el harakiri si quiere avanzar en la constitución de un nuevo Gobierno. Pedro Sánchez lleva más de una semana desaparecido en combate y viaja hoy a Portugal para que su homólogo portugués, António Costa, le explique cómo consiguió ese pacto de izquierdas aliándose, incluso, con los comunistas con los que los socialistas llevaban cuatro décadas a la gresca.

La respuesta es sencilla y ya a finales de 2012 recuerdo cómo en una larga charla en Londres con Boaventura de Sousa Santos, éste me lo explicaba: “En Portugal, a la izquierda del Partido Socialista, tenemos la izquierda comunista que siempre estuvo en contra del euro, y el Bloque de Izquierda, que tiene una política de alternativa, pero es muy pequeño para organizar un frente electoral; quizás debieran unirse”. Casi tres años después, tal unión es una realidad.

La diferencia entre Sánchez y Costa es que éste último cuenta con el apoyo mayoritario de su propio partido y Sánchez no. Ya se percibió tras el 20D, cuando el secretario general del PSOE fue el único líder en no comparecer. Una cosa son discrepancias internas y otra muy distinta guerras intestinas, que es lo que existe en la formación de Ferraz.

Así queda reflejado especialmente cada vez que abre la boca Susana Díaz, experta en arrojar la piedra y esconder la mano a la espera de los acontecimientos. Al otro lado, los sectores llamados “progresistas” por unos, “responsables” por Pablo Iglesias, como se refleja en esa carta suscrita entre otros por José Antonio Pérez Tapias y Odón Elorza en la que reclaman queun pacto de izquierdas es indispensable para las políticas de reconstrucción social que nuestro país necesita, desde la lucha contra el paro con nuevas políticas económicas hasta la defensa del Estado de bienestar, así como el logro de un renovado pacto constitucional”.

Para conseguir tal pacto, tanto PSOE como Podemos, tendrán que acudir también a las rebajas de sus respectivas líneas rojas. ¿Significa renunciar a ellas? No, pero sí relajarlas, más aún cuando uno de los puntos de mayor confrontación viene del lado catalán que ya se prepara para un nuevo proceso electoral.

Rebajas, rebajas, rebajas… o negociación o pactos, como ustedes lo quieran llamar. Pero no todo vale: incluso en la negociación, incluso en esos pactos o rebajas hay que mantener unos principios, unos valores y, de renunciar a ellos, admitir que cuando se defendieron se cometió un error, asumiendo sus consecuencias. De no hacer tal cosa, ya no hablaríamos de pactos, sino de transacción comercial y, en lugar de políticos estadistas, veríamos a simples mercenarios de la política.