Opinión · Posos de anarquía

El que no perdona un pelo en mis piernas…

El que cree que por ‘estar buena’ he conseguido llegar profesionalmente donde he llegado, el que cree que nunca llegaré a nada porque no tengo unas medidas perfectas, el que quiere que esté siempre radiante para él mientras lleva siete años sin comprarse unos calzoncillos, el que no ha puesto una lavadora en su vida, el que jamás acude a una reunión escolar de la niña ni llega tarde al trabajo porque el niño está malo, el que confunde quererme con tratarme como una niña de seis años, el que se va todos los domingos a jugar al fútbol con los amigos mientras yo hago la comida, el que se ríe de mí cuando hablo en femenino, cuando digo nosotras aunque seamos él y yo, el que cree que solo me gustan los futbolistas y no el fútbol, el que los domingos sólo me da el dominical y él se queda con el periódico, el que ha de ir a trabajar en coche y yo en metro, el que no entiende que cuando un hombre maltrata o mata a una mujer no es igual que a la inversa aunque sean ambos sean terribles, el que gana un 20% más que yo por desempeñar el mismo trabajo, el que sigue preguntándome si ‘tengo uno de esos días’, el que compara tener la regla con afeitarse cada mañana, el que no perdona un pelo en mis piernas, el que en la cama no me deja llevar nunca la batuta, el que cree que ser sensible es ser ‘una nenaza’, el que afirma que las mujeres conducimos peor, el que no dice ‘mujer tenías que ser’ pero lo piensa, el que no entiende que me gusten los coches y no las cortinas, el que no concibe que yo ni sepa cocinar ni coser un botón, el que detesta la discriminación positiva y ni ve la negativa, el que tiene un Excel en el trabajo en el que todos los tíos puntúan las tetas y el culo de cada una de sus compañeras, el que sigue pensando en términos de ‘guarra’ y ‘ligón’ para calificar las mismas actitudes, el que me pide que adelgace o me habla de ‘lorzas’ mientras su barriga desborda la goma de sus calzoncillos, el que piensa que el rosa es de chicas y el azul de chicos, el que hace la compra semanal en el súper y se siente útil pero ni guarda las cosas en los armarios, el que me cachetea el culo como muestra de cariño en vez de darme un beso, el que no entiende por qué no quiero tener hijos y por qué no tengo reloj biológico, el que cree que un enfermero o un auxiliar de vuelo son siempre gays, el que cree que el sexo oral sólo es una felación y que los preliminares se acaban en su bragueta…

… ese, va hoy, me regala un ramo de flores y me dice ‘Feliz Día de la Mujer… Trabajadora”. Y sigue sin entender nada.

Por eso, yo hoy no sólo felicito a las mujeres, sino que les pido perdón. Mañana, mientras intento desterrar los micromachismos que aún arrastro, volveré a pedir perdón… hasta que un día, quizás, el 8 de marzo quede registrado en el calendario como homenaje del trabajo realizado más que como reivindicación de todo lo que aún tenemos que mejorar.