Opinión · Posos de anarquía

El Congreso sigue el guión de Rajoy a La Moncloa

Las negociaciones y las no-negociaciones que han tenido lugar para la Mesa del Congreso de los Diputados no son ninguna sorpresa. Admitámoslo. Nadie espera que Albert Rivera hiciera otra que apoyar a su socio natural, que es el Partido Popular (PP), más aún considerando que era como más posibilidades tenía de rascar poder. Y a nadie ha sorprendido tampoco que Pedro Sánchez siga encerrado en su cascarón socialista sin abrirse a una alternativa de izquierda real.

Y este guión seguido en la formación de la Mesa del Congreso será el que presumiblemente lleve a Rajoy hasta La Moncloa. El día que Rafael Hernando llamó ‘veleta’ a Rivera no era fue, como nos tiene acostumbrados, por lo lenguaraz que es, sino porque es cierto que la inconsistencia dialéctica del líder de Cs cada día se hace más evidente. Lo que pasa es que ahora el viento sopla del lado del PP y Hernando está muy calladito porque el aguilucho de la veleta apunta en su dirección.

El PSOE, por su parte, se mantiene firme en su postura autárquica, aunque ello le lleve a la más absoluta inanición política. Cualquier cosa menos apoyar a Unidos Podemos y los nacionalistas de izquierda… incluso dejar que la derecha se apodere de la Mesa del Congreso. Eso es, en realidad, lo que ha sucedido para que Ana Pastor vaya a desplazar a Patxi López de la presidencia de la Cámara Baja y Ciudadanos se haga fuerte en la Mesa.

Quizás ahora le pese a Pedro Sánchez el idilio pasajero que vivió con Rivera, el enamoramiento tontorrón y adolescente -políticamente hablando- que tuvo con la formación naranja, con cartas de amor públicas en las que Sánchez llegó a hablar como si fueran un único partido -cuando sumó a PSOE directamente los escaños de Cs.

Ahora, le han desdeñado; Rivera salió un buen día a por tabaco y no volvió más… y se quedó en Génova. Y si Rajoy se quedó aislado tras el 20-D, ahora quien está más solo que la una es Sánchez, preso además de una ecuación imposible: no quiere terceras elecciones mientras puede prometer y promete (guiño a su imitación a Suárez para reivindicar al auténtico PSOE ¿?) que ni directamente ni indirectamente favorecerá que Rajoy llegue a La Moncloa.

Si se mantiene firme en sus promesas -sería la primera vez-, habrá terceras elecciones. Si no lo hace, si en segunda ronda se produce alguna abstención del lado socialista, o bien se evidenciará su falta de liderazgo, incapaz de establecer una disciplina de voto en algo tan capital para el partido como no apoyar a la derecha, o bien veremos la cara más mentirosa y demoagoga del socialismo. La misma que veríamos si Susana Díaz desembarca en Ferraz antes de que acabe su mandato en la Junta, después de sus repetidas negativas y sus reiteradas promesas de que es a Andalucía -la misma que votó PP en las últimas Generales- a la que se debe.

Veremos pero, como ha sucedido con las negociaciones para la Mesa del Congreso, el guión ya está escrito aunque anden ahora mareando la perdiz, perdiendo un tiempo precioso mientras el país va a la deriva con la sombra de ajustes desde Bruselas después de que el PP nos mintiera a todos los españoles con el incumplimiento de los objetivos de déficit… aunque, ojo, cuando votamos el 26-J ya sabíamos que nos habían mentido, ya sabíamos que Bruselas nos va a coser a recortes y, con todo, casi ocho millones de españoles votaron a los causantes de esa situación. Igual el guión está escrito porque al espectador de esta obra le encanta el culebrón.