Opinion · Posos de anarquía

Carta de un hijo de afectados por los ERE de Andalucía a Manuel Griñán

Hasta ahora yo tampoco había hablado sobre este tema aunque, a diferencia de ti, no era precisamente porque tuviera mucha fe en que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Yo no odio la política, la «puta» y «asquerosa» política como tú la llamas, esa que sin que nadie le haya obligado a ello lleva siendo la profesión de tu padre desde 1982 con más de una docena de cargos públicos distintos… el último, y aunque no lo menciones, como senador, pero no porque fuera elegido por la ciudadanía, sino designado in extremis por sus compañeros por 55 votos a favor de los 104 válidos (ni siquiera Susana Díaz le votó).

Y creo en la política porque es la vía para cambiar las cosas, siempre y cuando se escuche al pueblo y se sea honesto. Honestidad, hablas de eso en tu carta y estoy de acuerdo contigo en que la honestidad no tiene grados, o se es o no se es. Otra cosa es que alguien honesto pueda cometer errores, algo que no pareces contemplar en tu carta. Y eso, nada tiene que ver con que tu padre sea íntegro o no.

Aún cuando la presunción de inocencia tenga que ir por delante, el hecho es que Anticorrupción acusa a tu padre de un delito continuado de malversación y otro de prevaricación y no lo hace porque sí, sino porque a la luz de las pruebas ve indicios claros. Que uno de los argumentos clave para avalar la inocencia de tu padre sea que él no vio un euro no es suficiente.

Mi padre tampoco lo vio. Él es uno de los parados, de los 120.829 trabajadores que fueron víctima de los ERE de las 9.461 empresas que se acogieron a esta fórmula en Andalucía. ¿Y sabes por qué no vio un euro? Porque de esas casi 9.500 empresas, sólo 77 recibieron ayudas de la Junta… y no todas estaban en crisis precisamente. Y tu padre, en esa Junta, era uno de los máximos responsables de ese área.

Indicas en tu misiva que muchas veces has evitado decir quién era tu padre por los prejuicios de los demás. Yo también, pero a diferencia de tí, porque no es plato de gusto admitir en público que el sustento de tu familia depende de un banco de alimentos porque alguien en la Junta desvió dinero de los ERE. Y es que, aunque cuando hablas del sueldo que tenía tu padre no des «crédito ante tan escasa retribución para tamaña responsabilidad» y que te parezca que «una cosa es dar ejemplo y otra muy distinta ser gilipollas», lo cierto es que mi padre nunca se embolsó más de 81.000 euros al año de sueldo como el tuyo.

Ojalá mi padre hubiera llegado a casa cada mes con 6.700 euros en el bolsillo, como hacía el tuyo… o con 5.700, cuando en 2013 se pegó un recorte al sueldo por aquello de la crisis… pero no fue el caso. Señalas también que tu padre «podría haber aprovechado cientos de fórmulas perfectamente legítimas para incrementar sus ingresos». Imagino que quieres decir legales, más que legítimas.

Sin entrar en elucubraciones de si además ganó o dejó de ganar simultáneamente sueldo como presidente del PSOE y y el famoso 60% del sueldo como expresidente de la Junta, lo cierto que es que tu padre en el Senado ganaba todos los meses casi 7.500 euros al mes (sueldo base de 2.813,91 euros, más 1.822,38 euros por vivir fuera de Madrid, más 1.046,47 euros por cada una de las dos comisiones de las que era vicepresidente más 697,64 euros como portavoz adjunto de otra más). ¿Que a pesar de todo cambiabáis de coche cada ocho años y medio? Bueno, la antigüedad media del parque móvil español está ahora mismo en los 12 años… por no mencionar el coche oficial del que ha disfrutado tu padre durante muchos años…

Entiendo que el amor y orgullo de un hijo hacia su padre es muy fuerte y, precisamente por ello, espero que también te pongas en mi situación cuando leas estas líneas. Quizas puedo hasta cerrar como tú mismo cierras tu carta, diciendo que esto es «algo que tendría que haber hecho hace ya mucho tiempo. Porque no es verdad que quien calla otorga. El que calla sufre». Y sufrimos muchos, añado.

(Carta ficticia de un afectado por el caso de los ERE de Andalucía)