Posos de anarquía

La innombrable del PSOE que quiere ser nombrada

Durante siglos se habló del 'innombrable' para referirse a Satán. El objetivo era no llamarlo por su propio nombre porque ello podría significar invocarlo con las nefastas consecuencias que ello traería consigo. Si miramos el pasado reciente del PSOE y, más concretamente, la última maniobra de su secretario general, Pedro Sánchez, para no ser defenestrado, veremos que allí también existe una innombrable.

Sánchez concedía ayer su primera entrevista tras tres meses de silencio. Durante toda la conversación,a pesar de evidenciar la soledad que en el fondo siente como una losa en su propia casa y la traición de que se siente víctima, no se atrevió a referirse a Susana Díaz por su nombre. Quizás no quería invocarla, en un gesto absolutamente ingenuo o desesperado, porque lo cierto que es ella es la principal causante de que Sánchez deambule como un zombie político desde hace meses.

Y a falta de ser invocada, Díaz se autoinvocó ayer mismo. La presidenta andaluza mostró su verdadera cara, si bien es cierto que su careta sólo ha engañado durante este tiempo de atrás a aquellos pocos a los que ha robado su alma. ¿Alguien de veras la creía cuando decía que ella se debía a Andalucía, que no tenía ambiciones de marchar a Ferraz como paso intermedio para instalarse en La Moncloa? Nadie y, quienes lo hacían, eran los que, siguiendo con el símil,  habían vendido su alma haciéndola más poderosa.

Como indicaba en uno de las últimas entradas, Díaz se ha convertiro en la Rivera del PSOE, cambiando su discurso a conveniencia con tal de consumar su traición a Sánchez, al que ella misma contribuyó decisivamente a llevar a la cima para, después, empujarlo al precipicio. Ayer, cuando la innombrable se postuló para ser la nueva secretaria general del PSOE volvió a hacerlo, manipulando la realidad.

El mensaje de Díaz es contradictorio en sí mismo: reclama la cabeza de Sánchez por los fracasos de las elecciones gallegas y vascas, como si el secretario general del PSOE fuera el responsable de que la ciudadanía confíe cada vez menos en los socialistas en ambas autonomías. Siguiendo ese razonamiento de Díaz, su victoria en Andalucía debería se mérito de Sánchez y no suyo, como presume, ¿no es así? Pues no. La presidenta de la Junta de Andalucía es de tal vileza que su discurso sigue el hilo argumental de que los fracasos son siempre culpa de otro y las victorias cosa suya. Teniendo ya al PP, ¿quién quiere a otra dirigente que haga lo mismo, con careta de izquierda y políticas derechonas?

Desde que asumió la secretaría general de un PSOE que ya agonizaba, Sánchez ha estado siempre en campaña, saltando de elección en elección mientras la hemorragía de votos no cesaba. Y gente como Díaz, en lugar de ayudar a realizar torniquetes, se ha encargado más de seguir apuñalando por la espalda. Así que, dado que Sánchez no tiene ya nada que perder, debería armarse de valor y nombrarla, invocar a Díaz y poner cara a la traición socialista.