Opinion · Posos de anarquía

Catalá se ríe en nuestra cara

El ministro de Fomento en funciones, Rafael Catalá, se ríe de nosotros en nuestra cara. No tiene otra explicación que tenga la desfachatez de salir ante los medios de comunicación y diga que el rescate de las autopistas -ocho en total- no sólo no es «tirar el dinero» sino que, además, puede ser un «buen negocio». Un rescate que, según los números que hacía el año pasado el presidente de la patronal de grandes constructoras Seopan, Julián Núñez, será de unos 8.000 millones de euros. Un ganga, vaya, sobre todo considerando que la Unión Europea nos va a exigir un ajuste de 10.000 euros del que nadie habla ahora, gobierne quien gobierne.

¿Cómo justifica Catalá este supuesto «buen negocio»? Pues entonando el mantra de la privatización, el de «nos cuesta menos que si se hubieran construido directamente a cargo de los Presupuestos». Y se queda tan ancho… y ¿para quién serán estos cerca de 8.000 millones de euros? Para los de siempre: empresas como Abertis, Sacyr, ACS y Bankia, entre otras.

El negocio, en realidad, es para estas empresas, no para los españoles que continuamos estrangulados por las crisis estafa, enriqueciendo a un puñado de desalmados. Lo fue desde el principio. En el caso de las dos radiales de Madrid, que tenían orden de cierre por el juzgado de lo Mercantil número 6 de Madrid y finalmente quedan abiertas porque las asume Fomento, los términos del contrato eran un negocio redondo: las construyes, las explotas y si no es rentable, te pago. Tal cual.

Las matemáticas, decididamente, no son el fuerte de Fomento. Catalá presumía ayer de que el tráfico que pasa por la R-3 y la R-5 se está recuperando: entre las dos sumarían unos 18.500 vehículos circulando cada día. Es cierto que son más que los 4.500 vehículos que lo hacían en 2013, pero ¿saben cuál debería ser la cifra, según el estudio de viabilidad que en su día redactó el propio ministerio de Fomento, junto a las propias constructoras? Pues un tráfico de entre 35.000 y 40.000 vehículos diarios. En realidad esas cifras sabían que no eran reales, pero eran la llave que abría la puerta a un suculento negocio que pagaríamos todos los españoles.

Además, si de veras compensara ese incremento del tráfico, ¿alguien cree de veras que las constructoras no hubieran preferido mantener su explotación a declararse en quiebra? Nadie. La diferencia entre lo que se saque de ahí y el rescate es sólo comparable a la existente entre un buen Gobierno y el del PP.

Catalá no puede alegar ha tenido un patinazo porque desconoce el tema, al ser ministro de Fomento en funciones sólo porque su antecesora en el cargo es Ana Pastor, ahora presidenta del Congreso. No, porque antes de su nombramiento como ministro de Justicia, Catalá era Estado era secretario de Estado de Infraestructuras, es decir, el número dos de Fomento.

Así que que ahora llegue este personaje y nos presente el rescate a las autopistas como si el Gobierno nos estuviera haciendo un favor, como si fuera beneficioso para las arcas del Estado es una absoluta desfachatez. Catalá debería tener más respeto por todos nosotros, especialmente después de saber que de los 53.553 millones de euros aportados a otro rescate, el de la banca, únicamente se ha recuperado un 5%, es decir, ni siquiera 2.700 millones.

Un rescate, por otro lado, tan nefasto como el estudio de viabilidad de las autopistas: sólo en el caso de Novagalicia, ahora denominada Abanca, se perdieron 8.000 millones de euros -prácticamente todo el presupuesto anual de la Xunta- por la precipitación con se produjo su subasta en 2013. Pero al menos a 8 millones de españoles todo esto les da igual.