Opinion · Posos de anarquía

El ejemplo de ‘las nueve de AON’

Hay noticias que pasan inadvertidas, a pesar de tener mayor importancia de lo que parecen a simple vista. Es el caso de ‘las nueve de AON’, las trabajadoras que plantaron cara a esta empresa cántabra de telemarketing tras haberlas despedido por querer constituir un sindicato. No sólo ganaron el juicio y las que así lo quisieron fueron readmitidas en la empresa, sino que ahora acaban de arrear un bofetón de justicia social al empresario tras ganar las elecciones sindicales con CCOO.

La victoria de ‘las nueve de AON’ no debería ser sólo motivo de alegría y satisfacción para esas nueve mujeres que sufrieron las tropelías de un empresario que ya acumula varios juicios por despido improcedente en diferentes organizaciones; debería servir de inspiración para toda la clase trabajadora. L@s siete delegad@s de CCOO sobre l@s seis de la lista independiente (que actúa como sindicato amarillo, según CCOO) es una victoria del tesón, de la constancia, de la justicia más esencial. En un día a día salpicado de tantas malas noticias, de tanta bajeza política, de tantos abusos, estas mujeres y todas las personas que han dado la cara con ellas me han hecho sentir orgulloso.

‘Las nueve de AON’ hablan de “época de terror laboral” para describir el clima irrespirable que impera en la empresa, el mismo que ellas están dispuestas a zanjar con el apoyo de quienes están de su lado, como ya quedó demostrado con las más de 52.000 firmas que fueron capaces de recoger cuando fueron despedidas de manera improcedente, sencillamente, por querer crear un sindicato.

Hay una parte del empresario -éste en cuestión es, además, presidente del Racing de Santander-, que no quiere derechos laborales, que es defensora de la precariedad ajena para el enriquecimiento propio, que no duda en pisotear a sus trabajador@s aprovechando la tasa de paro y la miseria que se ceba con millones de personas en España.

El éxito de ‘las nueve de AON’ debería mandarnos un recado: por mucho que hayan querido narcotizarnos, dividirnos y anularnos, la clase obrera unida es imparable y puede con cualquier empresario, tenga el poder que tenga. Vuelvo a reclamar desde estas líneas esa solidaridad obrera entre quienes se ganan la vida bajo un mismo techo y, también, quienes estamos fuera, no siguiéndole el juego al empresariado explotador, arrinconándolo. Enhorabuena a ‘las nueve de AON’, que ya no son nueve, son muchas más.