Opinion · Posos de anarquía

La burda mentira de una España solidaria

Mi colega Jairo Vargas nos descubre hoy la realidad de muchos menores migrantes que llegan a España. Lo ilustra a la perfección con el hacinamiento al que los tiene sometidos la Comunidad de Madrid (PP) en uno de los centros de primera acogida. Baste el dato de partida para dar una idea: 130 personas en un centro previsto para 30.

Resulta indignante que una Comunidad como Madrid no sea capaz de absorber los 407 menores migrantes que han llegado. Andalucía, que es la región que más acoge, supera los 5.600. Allí también hay problemas, acrecentados por la intolerancia e insolidaridad de la propia ciudadanía. La vecindad de Puente Genil (Córdoba) ha ejercido tanta presión y la clase política tiene tan poco coraje que finalmente no se abrirá un centro para menores migrantes porque creen que traerán inseguridad y violencia.

No deja de ser paradójico que acusen a esas personas migrantes de traer, precisamente, de lo que huyen: de la inseguridad y la violencia. Y que los expulsen, antes siquiera de llegar, utilizando esas mismas lacras. L@s vecin@s piden que se realicen devoluciones en caliente con es@s menores… pero se dicen solidarios.

Donde ellos ven solidaridad, yo veo hipocresía, cinismo, ruindad. El alcalde socialista de Puente Genil no es mucho mejor, por plegarse a la presión vecinal en lugar de hacer pedagogía. No es tiempo de pedagogía, debe de pensar, a escaso medio año de las elecciones municipales. ¿Cómo defender los Derechos Humanos más esenciales si ello va a costar un puñado de votos? No, no, no.

El país en que nos estamos convirtiendo me preocupa. Es una burda mentira construida para meter basura bajo la alfombra (o bajo la bandera, esté o no en balcones como quiere Casado), para lavar nuestras conciencias enfangadas. Actitudes como las de la vencindad de Puente Genil, esa que dice “soy una persona solidaria pero esta gentuza fuera de aquí” está mucho más extendida de lo parece. No hablo únicamente del asunto de la migración, también de la corrupción con ese “en todos los cestos hay fruta podrida” o del machismo con ese otro “no se puede vestir así por la calle”.

Tenemos que tomar conciencia real de qué queremos realmente y de si nuestros actos son coherentes con ello. Si dices “España para los españoles”, hablas de “ideología de género” para referirte al feminismo, gritas “¡inmigrantes largo de aquí!” y alabas a Franco o Millán Astray, eres fascista. Que nadie tenga complejo de asumirlo. Será una persona indeseable, pero al menos, coherente. Trump lo es, probablemente es más coherente que muchas mejores personas, aunque sea indeseable: dice lo que hace y hace lo que dice.

En este sentido, si expulsas a menores, si pides devoluciones en caliente para ellos en lugar de aprovechar los recursos con que contamos para mejorar sus vidas y, a la postre, las nuestras propias tras su integración, eres una persona xenófoba. De nuevo, fuera complejos… o cambien de actitud.

Quizás, los responsables de la Comunidad de Madrid o la vecindad y alcalde de Puente Genil deberían haber leído con atención la serie de artículos que Jairo Vargas ha venido publicado; esa serie que nos contó, por ejemplo, la historia de Mohamed Koroma, que pasó de Sierra Leona a Barbate, huyendo del intento de asesinato de su propio tío, de secuestro para robarle… Quería venir a Europa porque aquí no se maltrata a la gente”, decía el bueno de Med. Estaba equivocado, como demuestran la experiencias de Madrid o Puente Genil. Ojalá cambiemos eso.