Opinion · Posos de anarquía

La bandera como mordaza

Dani Mateo en El Intermedio. ATRESMEDIA TELEVISIÓN

La polémica suscitada por el número cómico de Dani Mateo en el que se sonaba con la bandera de España me ha hecho recuperar un pensamiento que lleva tiempo rondándome la cabeza: se acabó justificar lo que debería ser lo habitual; no somos nosotr@s los anormales en una democracia moderna, sino quienes precisamente tratan de arrinconarnos para que este país no avance en la buena dirección.

No se trata de adoctrinar ni de erigirse como poseedor único de la verdad, pero sería absurdo no reconocer que, objetivamente, una democracia moderna ha de estar abierta a la crítica, a la sátira. Aferrarse a figuras como un rey impuesto o a símbolos como una bandera o un himno, mientras a las personas que hay detrás de esos símbolos se las pisotea sin escrúpulos al grito de ‘¡patriotas!’ es de una hipocresía supina. Basta de utilizar la bandera como mordaza.

Las empresas que han retirado sus campañas publicitarias del Intermedio como Clínica Baviera, Andreu World, Álvaro Moreno, Neuw Denim, Pinceles Vendetta y Temptu por este número cómico, al hacerlo, se retratan a la perfección. Todas ellas son libres de poner su dinero donde quiera, faltaría más, pero al hacerlo dan una imagen muy clara de qué tipo de empresa son y cuál es su nivel democrático… y en función de ello actuarán, también libremente, sus consumidor@s. Ellas han tratado de arrinconar y, quizás, deberían ser las arrinconadas.

Lo mismo ha sucedido con la Guardia Civil  y su festival del humor en Twitter o el sindicato de la Policía ASP, que una vez más evidencian lo cortos de miras que son. Con sus manifestaciones y su denuncia no se ganan, precisamente, el favor de quienes defendemos una democracia moderna; de hecho, los  vemos más como una amenaza latente, pues la censura y la intolerencia nunca son una buena noticia para quienes amamos las libertades civiles.

Todos esos colectivos retrógrados y quienes los apoyan son quienes han de ser señalados, quienes no deben tener cabida en esta sociedad mientras sostengan esas actitudes. Lo mismo sucede con el feminismo. Basta ya de tener que justificarnos quienes defendemos la igualdad, basta de sentirnos l@s diferentes: son quienes mantienen prácticas machistas l@s distint@s, l@s anormales en este sistema. Durante demasiado tiempo hemos caído en su trampa, en su arrinconamiento. Eso se acabó. Quienes han de justificar por qué no quieren la igualdad, por qué no quieren libertad de expresión son tod@s ell@s.