Opinion · Posos de anarquía

El masculino es el término que tiene todo

“Los padres podrán asistir a partir de las 18:30 horas”. La pequeña de siete años se tomó su tiempo para leerlo y, cuando concluyó, miró contrariada a su madre y preguntó: “¿Y tú por qué no puedes ir, mamá?”.

Lo descrito anteriormente describe una escena real: un mensaje de Whatsapp de la AMPA de un colegio público. Choca frontalmente con una frase lapidaria de Víctor García de la Concha, coordinador del  ‘Libro de estilo de la lengua española según la norma panhispánica’ presentado ayer por la RAE (Real Academia de la Lengua): “es el masculino el término que tiene todo”. Podría haberlo resumido en “el masculino lo tiene todo”.

El director de la RAE, Darío Villanueva, añadía que “en español, el género masculino, por ser el no marcado, puede abarcar el femenino en ciertos contextos”. Pues como hemos visto, el contexto de una niña de siete años leyendo un menseja de la AMPA no es uno de ellos; es uno de tantos en los que el lenguaje importa, aunque a la RAE parezca que a veces que no.

Es preciso buscar fórmulas en las que hombres y mujeres estén contemplados y, además, no se prive de la llamada economía del lenguaje.  Sorprende extraordinariamente que una RAE capaz de incluir en su diccionario términos como chusmear (hablar con indiscreción o malicia de alguien o de sus asuntos), buenismo (actitud de quien ante los conflictos rebaja su gravedad, cede con benevolencia o actúa con excesiva tolerancia) o bocas (bocazas) no sea capaz de adoptar un lenguaje inclusivo.

¿Realmente sorprende? Bueno, no tanto. Tan sólo hay ocho mujeres entre l@s 46 académic@s que componen la RAE. Apenas un 17%. Quizás por eso, quienes defienden que “es el masculino el término que tiene todo” continúan incluyendo en el diccionario que sexo débil es “conjunto de las mujeres” y sexo fuerte, “conjunto de los varones”.

La génesis de este artículo era, en realidad, la lectura de los programas electorales de los cuatro principales partidos que acuden a las elecciones andaluzas del próximo 2 de diciembre. A media que avanzaba en la lectura, descubría cómo mientras PSOE y Adelante Andalucía sí prestan una especial atención al lenguaje, PP y Ciudadanos ninguna. (Cs sin enlace a su programa porque no es posible descargarlo desde su página web).

PSOE y Adelante Andalucía no incluyen arrobas, sino que optan por emplear términos que sí que agrupan a ambos géneros, como profesorado o alumnado; en los casos en los que esto no es posible, mandan al carajo la economía del lenguaje porque a veces hay cosas más importantes. Es más importante hablar de andaluces y andaluzas que simplemente de andaluces; es más real hablar de personas emprendedoras que únicamente de emprendedores, como hacen PP y Ciudadanos. Son matices, pero cuentan y mucho, mal que les pese a García de la Concha y a Villanueva.

El lenguaje y el uso que hacemos de él nos presenta como lo que somos. No es casual que los dos partidos que excluyen a las mujeres en su lenguaje no hayan incorporado feminismo a ni una sola de las 412 páginas de programa del PP o a las 48 páginas de Ciudadanos. No, no es casual. Partidos políticos que temen el uso de la palabra que significa “principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre” deberían recapacitar porque sin feminismo, no hay democracia.

Ese miedo al feminismo se percibe en los programas de la derecha. Sin ir más lejos, en una Comunidad Autónoma donde la población rural es tan extensa, la única medida que contempla Cs para la mujer rural es “impulsar la incorporación de las mujeres al sector agrario, defenderemos su protección social y promover la titularidad compartida entre cónyuges de las explotaciones agrícolas. Enfrente, por ejemplo, Adelante Andalucía, que para el ámbito rural propone “diseñar y elaborar un Plan estratégico de fomento de actividades innovadoras desarrolladas por mujeres”, “apoyar el cooperativismo agrario, favoreciendo la participación de los socios, en particular de las mujeres y de la juventud” o “aplicar un pago complementario del 50% para las mujeres que se incorporen a la actividad agropecuaria”.

El feminismo importa y el lenguaje es clave para que triunfe. Quizás por ello hay quien continúa poniéndole palos en las ruedas.