Opinión · Posos de anarquía

El cinismo de Cs ante el sicario de la democracia

La democracia está amenazada de muerte por un sicario llamado Vox. Las primeras víctimas en caer -o en seguir cayendo- son las mujeres, seguidas de las personas migrantes y el colectivo LGTBI. El Partido Popular (PP) es el encargado de suministrar la munición al sicario, mientras lo presenta como un defensor anticorrupción. Ciudadanos (Cs), por su parte, calla, intentando desentenderse como quien aguarda el resultado del homicidio para para beneficiarse directamente de él.

Albert Rivera -porque en la negociaciones de Andalucía, Juan Marín (Cs) y Juanma Moreno (PP) pintan bien poco– es como aquel hijo bastardo del rey, que conoce los planes conspiranoicos del asesino a sueldo para matar al legítimo heredero y calla, ansiando el trono con deseo obsceno. Quienes compren el discurso de Cs cuando sus dirigentes dicen que “Vox no va con nosotros”, a pesar de que ya se han repartido las consejerías que los de Santiago Abascal ‘El Pistolas’ les proporcionará, es que están demasiado cieg@s.

La intención del principito Rivera es bien clara: que se desgaste el PP como si fuera el único que está blanqueando a la extrema derecha de Vox, cuyas exigencias no es que les haya quitado la máscara, sino que volvió a evidenciar cuán indeseables son sus miembros. Ayer, Vox hizo saltar por los aires a la misma Constitución; PP y Cs, mientras, considerando hasta qué punto las mujeres y las personas migrantes y  LGTBI son meros daños colaterales a sus ansias de poder.

Cuanto más creen avanzar l@s neofascistas de Vox, más oposición social van a encontrar. Más pronto que tarde, la señal de Stop al soberbio Abascal le va a atizar en toda la jeta. No sólo eso, sino que incluso en el caso de Cs, pese a sus intentos de desligarse del sicario de la democracia, le pasará factura. PP y Cs, tan constitucionalistas que se proclamaban, están usando la Carta Magna de felpudo del Palacio de San Telmo, esperando que sea Vox quien les abra la puerta, una vez vez enterrado el cadáver de la democracia. Esa es la única realidad.