Opinión · Posos de anarquía

La gaviota era un aguilucho

Nadie puede decir que esté sorprendido del acuerdo PP-Ciudadanos-Vox. Pese a los exabruptos de unos o el negacionismo de ser sostenidos por la extremaderecha de otros, a nadie le cabía la menor duda de la derecha más rancia de los últimos años gobernaría Andalucía. Ayer, el pacto de PP y Vox constató que lo que han tratado durante años de hacer pasar por una gaviota era, en realidad, un aguilucho.

Durante el día de ayer escuché a los más diversos analistas políticos minimizar el documento suscrito entre PP y Vox. Craso error. Aunque es verdad que si empleáramos el lenguaje de Vox podríamos decir que clavó rodilla en suelo y se humilló ante el PP, reculando respecto a sus pretensiones iniciales, no es menos cierto que contiene un trasfondo inquietante.

El tufo neofascista, xenófobo, machista  y clasista que desprende el acuerdo suscrito entre García Egea (PP) y Ortega Smith (Vox) es tan nauseabundo como la sonrisa sádica de ambos. ¿Para qué sirve una consejería de la familia? ¿Qué clase de familia? Porque no podemos olvidar que, por mucho en sus filas militantes haya gays dentro y fuera del armario, el PP fue el partido que se opuso al matrimonio de personas del mismo sexo y Vox ha cargado siempre duramente contra el colectivo LGTBI. No podemos obviar, además, que el PP fue el que privó a las parejas homosexuales del derecho de la reproducción asistida… Esa es su familia.

En el documento suscrito por la derecha se explicita la eliminación de toda convocatoria de subvenciones a personas físicas o jurídicas que no cumpla evidentes fines de utilidad pública y social. Tras este enunciado se oculta la amenaza machirula del número uno de Vox en Andalucía, el juez prevaricador Francisco Serrano, cuando cacareó que su objetivo era eliminar los chiringuitos supremacistas feministas. Las asociaciones y colectivos que luchan por defender la igualdad entre hombres y mujeres y combaten la violencia de género están en peligro, gracias a PP, Cs y Vox.

De la Ley de Memoria Democrática (Memoria Histórica en Andalucía) pasaremos a la Ley de la Concordia, para así blanquear el franquismo del mismo modo que PP y Ciudadanos han blanqueado al neofascismo de Santiago Abascal y los suyos. Un despropósito que, si fuéramos de la misma calaña que ellos, trasladaríamos a las víctimas del terrorismo de ETA, apostando por “dejar a los muertos tranquilos” porque “ni unos eran tan buenos ni otros tan malos” y rechazando ese intento, al hablar de víctimas de ETA, “de dividir España y abrir heridas cerradas”. Sin embargo, no somos tan ruines como el ‘trifachito’ y somos más partidarios de dialogar, de recordar, de no olvidar para mejorar.

Por otro lado, llega a Andalucía la amenaza a la clase obrera, que verá cómo se prima lo privado por delante de lo público, desde la Educación (con un impulso a la concertada y la diferenciada) a la Sanidad. Las clases más desfavorecidas asistirán a cómo la justicia social de la fiscalidad se esfuma, rebajando los impuestos a los más ricos y eliminando así el reparto equitativo de la riqueza. Eso es lo que viene.

La violación del Derecho Internacional y de los Derechos Humanos (DDHH) más esenciales también llega con esta tríada infame, que rechaza la multiculturalidad, cierra las puertas a los refugiados que huyen de las guerras y miserias que hemos provocado desde Occidente (ese cuya cultura quieren preservar)… Siguiendo su doctrina y dado que no querrán para otros países lo que no quieren para su querida España, ¿por qué no declaran prófugos a tod@s es@s español@s que han emigrado durante la crisis en busca de trabajo sin habérselo asegurdo antes de su partida? Si la pregunta les parece absurda, aplíquenla a los postulados del ‘trifachito’ y añádanle la dosis debida de mezquindad.

Así las cosas, ¿qué nos queda? La movilización social. No basta únicamente con que los partidos políticos ejerzan en el Parlamento andaluz su labor de oposición: la oposición ha de escalar a todos los niveles, saliendo a la calle, impidiendo los recortes de libertades sociales y DDHH que abanderan los del aguilucho. Esta movilización ha de ejercerse desde el principio, antes incluso de la toma de posesión del pusilánime Moreno, para trasladar un mensaje claro, cristalino: no pasarán. La derecha puede gobernar con un ideario democrático, pero hay líneas rojas que no se pueden traspasar. Si lo hacen -como, de hecho, ya han hecho abrazando a Vox-, nos encontrarán.