Opinión · Posos de anarquía

Autoritarismo liberal

Albert Rivera se ha dado de bruces con su propio partido. Un partido que se ha nutrido de gente llegada de todas partes y que orgánicamente ha ido colocando a dedo a quien la dirección decidía, revistiendo todo el proceso de elecciones primarias. Así lo venían denunciando desde hace años quienes, en muchos casos, levantaron con su propio dinero las agrupaciones locales del partido naranja. Ahora, tras la sucesión de denuncias de pucherazos, el escándalo podría saltar a la misma Audiencia Nacional, dando al traste con sus campañas electorales, que ya de inicio andan tocadas.

¿Qué imagen da un partido en el que los procesos de primarias en diferentes Comunidades Autónomas saltan por los aires con denuncias de pucherazos? ¿Es de fiar un partido en el que, quienes formulan estas denuncias, permanecen en el anonimato por temor a represalias? ¿Realmente se es amigo de la transparencia cuando se cierran filas y se confeccionan listas negras contra quienes señalan la opacidad? El dibujo que representan es, desde luego, de un autoritarismo sin parangón, con amenazas, intimidaciones… muy liberales, eso sí.

Eso es lo que, a la luz de los testimonios publicados, está sucediendo en Ciudadanos. Un@ nunca debería fiarse de un partido que ni siquiera es capaz de poner en práctica lo que predica entre sus propias filas. La política de la regeneración es, en realidad, la de la degeneración, esa misma en la que la formación de Albert Rivera siempre se ha movido como pez en el agua. Del mismo modo que maquilla como primarias a sus dedazos, ha camuflado  como consenso a sus alianzas con partidos declarados judicialmente como corruptos o formaciones de extrema-derecha. Son clases básicas del coaching que tanto gusta en las filas naranjas.

Así las cosas, todas las encuestas destacan la sangría de votos de Ciudadanos en la derecha, como también se subraya la de Unidas Podemos en la izquierda. Las próximas elecciones generales avanzarán un poco más hacia el regreso del bipartidismo. Nadie niega que se trata de un bipartidismo más debilitado, es cierto, pues el arco parlamentario es multicolor, pero nutrido de formaciones sin la fortaleza suficiente para protagonizar ningún sorpasso. Esa es, al menos, la imagen que ofrecen hoy los sondeos de uno y otro signo.

El tren de Rivera ha pasado. Siempre tuvo más vocación de perejil de todas las salsas que de salsa en sí. Ese parece su destino, aunque si Rivera al fin cumple alguna promesa, en esta cita electoral sólo está dispuesto a aderezar la sopa del PP más radicalizado de los últimos años, entremezclándose con el amargor de Vox. La sopa resultante, de servirse, repite… ténganlo por seguro… recuperando sabores de hace 50 años.