Opinión · Posos de anarquía

Debaaaaaaates electorales

Los debates electorales son necesarios en una democracia madura. ¿La nuestra lo es? Debería serlo, pero lo que no es es una democracia seria, gracias a la acción de la clase política. Esta campaña hemos asistido atónit@s cómo el comité de campaña de Pedro Sánchez huía de la televisión pública para, después, regresar obligado por las circunstancias, pero con el agravante de querer imponer su fecha. Finalmente corrigió, pero el daño ya estaba hecho, para su imagen y para el resto de la ciudadanía, a la que ahora se le van a atragantar dos debates electorales consecutivos.

El hecho de que hoy y mañana se celebren los dos debates electorales es un error antológico. ¿Alguien cree que ayudará a combatir la desafección política este empacho de careos? Otra cosa hubiera sido si las dos cadenas hubieran tenido altura de miras y se hubieran repartido los ejes temáticos; de ese modo, los candidatos podrían profundizar sobre cuestiones económicas, sociales, educativas… y el objetivo del debate, que no es captar audiencia sino informar a la ciudadanía, se habría conseguido holgadamente.

Esa posibilidad ni siquiera ha estado encima de la mesa. Perdemos tod@s, porque en el segundo debate nos convertiremos en periodistas de caravana electoral, esto es, en víctimas de los discursos repetitivos mitin a mitin, salpicados con alguna que otra frase ingeniosa. Visto el transcurso de esta campaña, en lo único en lo que los candidatos produndizarán será en bajar al barro…

Por otro lado, la prensa ha malacostumbrado a la clase política a lo largo de nuestra democracia. Históricamente, son los candidatos quienes imponen sus condiciones y no l@s periodistas. Error. Es el profesional de la información quien debería imponer el marco del debate, los ejes temáticos, los turnos, los planos y contra-planos… normalmente no sucede así y es una pena porque, de hacerlo, veríamos quién accede y quién no a debatir, retratándose; del mismo modo que los propios medios se retratan si en estas condiciones favorecen más a un candidato que a otro. Decididamente, nos falta mucha cultura de debate político.

Por último, dos cuestiones finales: seguimos siendo víctimas del imperialismo de la televisión, como si los debates en otros medios de comunicación no fueran igual de válidos. En ese sentido, Vox ha vuelto a hacer el ridículo llorando por las esquinas porque la ley electoral no le permite participar en el debate de mañana y, al mismo tiempo, faltando a debates a los que se le invita en la radio. ¿Qué se puede esperar de un partido que tanto miedo tiene a enfrentarse cara a cara a l@s periodistas? Sus lagunas de conocimiento superan a la fosa de Las Marianas.

La segunda cuestión, muy ligada a ésta, es la ley electoral, tan caduca y obsoleta como nuestra Constitución. Tan absurda es la prohibición de la participación de Vox en un debate como que quienes más visibles son, más espacios públicos tengan a su disposición para seguir siéndolo, privando a las nuevas formaciones de darse a conocer. De nada sirve ahora gimotear como anda gimoteando Santiago Abascal, pues cuando militaba en el PP jamás se quejó, pues esa misma ley es la que favorecía el ascenso de los populares y, con ello, los años de mamandurrías de las que vivió el líder de Vox.