Posos de anarquía

Los exabruptos son para los mítines

Casado, Sánchez, Rivera e Iglesias antes del debate. REUTERS/Sergio Pérez

Terminó el primero de los debates electorales y antes del segundo asalto hoy en La Sexta -la cadena que cerraría Vox si llegara al poder-, toca extraer conclusiones. La primera es que la izquierda aventajó a la derecha: mientras Pablo Casado (PP) se diluyó para no soltar en televisión los exabruptos a que nos tiene acostumbrad@s en los mítines y Albert Rivera (Cs) elevó el tono y mostró sus dotes para las manualidades, Pedro Sánchez (PSOE) y Pablo Iglesias (Unidas Podemos) hicieron frente común, al borde del "No pasarán".

Si algo tenía claro anoche Casado es que la televisión no es lugar para acusar a Sánchez de tener las manos manchadas de sangre -aunque el presidente le dio pie a que se reafirmara-, bajar el salario mínimo, mintiendo sobre el aborto o frivolizar con la protección a las mujeres ante la violencia de género. A todo eso nos ha habituado el candidato del PP en sus mítines, donde acude su hinchada convencida. Sin embargo, ayer la cuota de audiencia que más importaba era la de los indecisos y  Casado optó por contenerse. Quizás por eso y pese al modo en que deslizó un surtido de mentiras (creación de empleo, pensiones... ), no consiguió torpedear los cimientos de Sánchez.

Lo intentó con más ahínco Albert Rivera, que deslució  su actuación con un minuto de oro penoso, sobreactuado y poco creíble. El candidato de Ciudadanos patinó en varias ocasiones, recurriendo al independentismo catalán para hablar de política social, por ejemplo. En su portafolios, Rivera Doraemon trajo toda suerte de manualidades, desde tarjetas sanitarias con la bandera de España, a portarretratos y titulares de medios amigos impresos en cartón pluma. Más intenso que Casado, su sudor frío y tez por momentos más pálida, no transmitieron demasiada confianza, teniendo en cuenta, como le recordó el propio Casado, que él es el rey del 'donde dije digo, digo Diego'... Alguien, quizás en sus clases de coaching, le deberieron proponer que utilizara palabras como "a saco", "carca", "eurazos" o "cutre" mientras agitaba su mano con un reloj que me paga la mitad del alquiler. Error.

Pedro Sánchez se empeñó en transmitir la misma sensación de tranquilidad y sosiego que se propuso Casado; la diferencia es que mientras que el popular lo hizo desde la altanería, Sánchez adoptó un papel más humilde. Con su habitual tono docente, quiso poner en valor los diez meses de Gobierno y alertar sobre el riesgo de un ascenso de la derecha. Él fue quien dio entrada en el debate a Vox, el socio de PP y Cs en Andalucía que podría volver a a serlo en el Congreso, aunque ayer Casado y Rivera no quisieron ni mentarlo.

Pablo Iglesias, por su aparte, dejó en evidencia a la derecha, la que reparte carnes de constitucionalistas y que anoche no fueron capaces de replicar los incumplimientos de artículos de la Carta Magna en materia fiscal, vivienda... Casado, incluso, compartió su visión del derecho a la vivienda: lo importante, según indicó, no es regular el mercado del alquiler para hacer estallar esta burbuja de precios que impide que las personas tengan un techo donde vivir; para él, la prioridad es proteger a las personas propietarias que alquilan -y especulan- para que no tengan okupas o sus pisos no sufran desperfectos.

Iglesias, muy alejado de aquel de la cal viva, tuvo tan claro como Sánchez que PSOE y Unidas Podemos están llamados a entenderse, a detener a la derecha. Sin embargo, consciente de que much@s de sus votantes dudan si recurrir al voto útil al PSOE, metió el dedo en el ojo a Sánchez con mimo y quiso arrancarle si pactará o no con Ciudadanos. El líder socialista no se mojó y eso jugará en su contra, porque tras el debate de anoche, votantes históricos de IU y recientes de Podemos no cederán su confianza a PSOE ante el temor de que termine pactando con Rivera.

En suma, el debate de anoche no aportó gran cosa para las personas que sigan de cerca la campaña, marcando aún más las dos Españas, la progresista y la conservadora. En el debate de esta noche, seguramente veremos a un Casado más incisivo y a un Rivera con traje de verano para sudar menos -que para ser campeón de debate en la universidad, hay que ver lo mal que lo pasa-. El popular intentó anoche centrar sus ataques en el PSOE, hasta el punto de que llegó a decirle a Rivera que "usted no es mi adversario". Veremos si hoy sigue aguantando con tanto estoicismo las bravatas de Rivera. Y para la izquierda, la gran incógnita es: ¿conseguirá Iglesias que Sánchez, aunque no niegue un posible pacto con Cs, al menos diga que su primera opción de pacto es Unidas Podemos?